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Fueron víctimas de violencia de género, se quedaron en la calle y encontraron un techo en el refugio de las amas de casa

En la actualidad siete mujeres se encuentran viviendo en una casa que nació con la idea de albergar a las mujeres que sufrieron violencia sexista, pero el contexto social generó que las puertas se abran para quienes también están en situación de calle.

Desde noviembre del 2018, la provincia cuenta con un nuevo hogar que se llama "Refugio Cecilia Martínez" y desde la fundación de Amas de Casa albergan a siete mujeres. sanjuan8.com visitó el hogar que recibió el nombre de una excompañera que padeció la violencia sexista durante años y colaboró con las amas de casas por mucho tiempo hasta que murió de un infarto.

Cuatro de las siete mujeres que están viviendo en la casona de a poco comienzan a entrar en confianza y mientras arman el mate, bañan a uno de los niños y organizan algunas situaciones domésticas se sientan alrededor de una pequeña mesa. Tímidamente y con cierto temor comienza una charla que entre semitas y mate se vuelve un poco amigable y es así que todas logran contar como y porque llegaron a este lugar.

La primera en hablar es Ana Paula, que mientras mira su celular y esquiva la mirada cuenta brevemente que tuvo que dejar a sus dos hijos con el padrino. Ella vive en el hogar sola, luego de haber denunciado a su ex por golpes. La chica se está por integrar a uno de los talleres que ofrece la asociación y además trabajaba limpiando las calles de la Capital, luego de ella uno de los casos más complejos que llegó a la casa de dos pisos ubicada en pleno microcentro.

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Se trata de Verónica, de 21 años, quien vive en el lugar hace algunas semanas junto a su hija que fue operada de las caderas y un nene. "Viví algunos años con el padre de mis hijos y tuve un incidente de violencia y me corrió a la calle. De ahí alquilé y cuando la operaron a mi hija estuve en el hospital viviendo, cuando le dieron de alta hace algunas semanas les planteé que no tenía donde dormir y la asistente social se comunicó con las chicas y aquí estoy", dijo Verónica que plantea que no puede trabajar porque su hija requiere de muchos cuidados. De todos modos, espera poder irse en algún momento y empezar de nuevo junto a sus dos hijos.

Marcela (40) es la más sonriente y será que pudo sobrepasar una dura vida y de a poco dice ella comienza acomodarse. Se presenta y mientras ceba un mate dice que es las "más vieja" de las chicas, tiene dos hijos adolescentes que viven con el padre porque ella no puede mantenerlos. Pero espera emprender un negocio de comida para poder irse a alquilar y volver con ellos. "Sufrí violencia de género toda la vida, mi madre me decía que me los buscaba así", relata mientras mira fijamente a los ojos. "Es muy duro vivir sin tus hijos y deseo con el corazón volver a estar con ellos", dice mientras la esperanza de un trabajo con sus compañeras le devuelve la dignidad de poder tener algo de dinero.

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Y por último Celeste, quien tiene a su pequeño en sus brazos y luego de una rápida ducha cuenta que cuando realizó la denuncia en contra del padre de su hijo no tuvo quien la pudiera ayudar con un techo. Pasó por el hogar Aurora y ahora vive en este refugio. Es clara en su relato y afirma: "Si me dieras elegir vivir con mi ex o acá, elijo siempre estar en esta casa".

Las cuatro pasaron por el flagelo de la violencia machista y la violencia económica que generó que se queden en la calle y hoy de a poco comienza armarse para salir adelante confiada en ellas y en la asociación de las Amas de Casa.

Las normas de la casa

El refugio tiene un ama de llaves que se llama Morena y que ella se autodenomina como la abuela de las chicas. Según cuenta, el hogar tiene horarios y reglas. Las puertas se abren a las 6.30 para que una de las chicas pueda salir a trabajar y a las 23 se cierra.

Según la encargada del taller de gastronomía la vianda tiene un valor de $75 y se venden también en algunos box del centro cívico o clientes de diferentes instituciones. Además otras viandas son donadas para alumnos de escuelas técnicas que pasan varias horas en clases y muchas veces no tienen dinero para comprar un plato en una casa de comida tradicional y comen de manera gratuita en el comedor del hogar.

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En cuanto al plazo que tiene las chicas para vivir en el lugar es de tres meses y si cumplen con las normas pueden extender su estadía. La idea es que puedan aprender, empoderarse e intentar hacer su vida fuera del refugio.

Cada una de las mujeres que vive en el hogar es parte de un taller que puede ser de gastronomía, bijoutery, bordado, etc. También muchas de ellas trabajan en el proyecto que tiene las Amas de Casas que es realizar viandas a un hogar que hospeda a hombres y por eso cobran un dinero que pueden gastarlo o ahorrarlo.

Si sos víctima de violencia de género podés pedir ayuda al área de la Mujer de tu municipio o realizar la denuncia en la Comisaría de la Mujer 4-28-0378.