En ese equilibrio incómodo aparece la figura de Karina Milei, que sin exposición permanente pero con decisiones concretas, empieza a consolidar poder dentro del esquema político del Gobierno. No es menor que sea ella quien articula con mandatarios que, sin ser oficialistas, mantienen canales de diálogo abiertos.
El respaldo de Frigerio y Cornejo al “rumbo” del Ejecutivo también tiene lectura política. En medio de tensiones por recursos y coparticipación, ambos eligieron acompañar una iniciativa que, en los hechos, traslada responsabilidades a las provincias y al sector privado.
La ausencia de otros nombres fuertes en la mesa —como el jefe de Gabinete— también deja entrever un reordenamiento interno donde las decisiones pasan por un círculo cada vez más reducido.
Mientras tanto, afuera de Casa Rosada, el clima es otro. Intendentes peronistas, con el respaldo de Axel Kicillof, volvieron a reclamar por fondos y obras paralizadas. La tensión no es nueva, pero escala en la medida en que el ajuste impacta directamente en la infraestructura.
El punto de fondo no es solo quién financia las rutas, sino qué modelo de Estado se está consolidando. La apuesta oficial es clara: correrse y dejar lugar al privado. La incógnita —todavía abierta— es si ese esquema será capaz de responder con la misma velocidad y alcance que demanda la realidad.