Desde Santa Lucía, Miguel Vicente describió un cambio profundo en la relación entre las personas y sus mascotas. “Cambió para bien. Hoy hay más conciencia. Se logró algo superador, tanto en la sociedad como en la legislación sobre la tenencia responsable”, explicó. Sin embargo, aclaró que ese avance choca con una economía que restringe incluso los cuidados básicos.
“Cada hogar tiene su problemática. Hay cosas que ya no se pueden hacer, aunque se quiera. No por falta de amor, sino por falta de recursos”, señaló. “Antes la gente venía por chequeos, vacunación, baños… ahora vienen cuando el animal lo amerita y es inevitable. Todo se volvió urgente”.
En El Arca, su clínica, Pirata lo vive igual: “Cuando los pacientes no pueden afrontar los costos, es un tema complicado. Todo lo que usamos para tratar un animal lo hemos pagado. Y no podemos hacerlo gratis, aunque lo intentamos. El fiado existe, lo hacemos mucho”.
Ambos coincidieron en que la medicina veterinaria se ejerce con el corazón, pero también requiere sostén económico. “A veces quisiéramos atender sin pensar en los costos, pero si hacés eso, te trasladan el problema a vos. Y no nos podemos hacer cargo de todo, aunque parezca que no tenemos corazón”, admitió Vicente. Olivares Robledal agregó: “Nos duele no poder hacer más. Pero tampoco somos superhéroes. Solo queremos trabajar con dignidad”.
Entre animales de campo y mascotas: una entrega sin pausa
La realidad rural tiene su complejidad. Olivares Robledal lo sabe bien: cada siesta recorre corrales y granjas revisando vacas, chanchos y caballos. “Tratar con un animal grande no es fácil. No están acostumbrados al contacto. Hay que cuidarse, protegerse. Es exigente desde lo físico, pero también desde lo emocional”, dijo. “En campo abierto todo es más difícil. Pero lo hacemos con la misma entrega que en la ciudad”.
Vicente también atiende animales mayores y coincide en que la logística cambia todo. “No es lo mismo intervenir un perrito que tratar una vaca en el campo. Pero la responsabilidad es la misma. Son vidas”, afirmó.
Y si bien los casos rurales demandan esfuerzo físico, los urbanos golpean desde otro lado. “Te cae un propietario desesperado, sabés que no va a poder pagar, que su mascota necesita cirugía… y hacés lo que podés. Muchas veces me tocó hacerme cargo, o derivarlo a colegas. Pero a veces, aunque lo des todo, no sale bien. Y te juzgan”, reconoció Vicente.
Olivares Robledal también observó lo mismo: “Algunos casos se malinterpretan. Hay situaciones donde el enojo o la frustración se trasladan a las redes sociales, y eso nos puede afectar emocionalmente. Pero sabemos que viene desde el dolor. Nunca desde la maldad”.
La pasión no se negocia, pero el desgaste emocional existe
A pesar de todo, la vocación se impone. “Desde que soy chiquito, cuando me preguntaban qué quería ser, decía veterinario. Y hoy lo soy. Me cuesta irme de vacaciones porque me preocupa dejar la veterinaria. Me gusta estar, por si alguien me necesita”, dice Pirata con orgullo.
Vicente no se quedó atrás: “Soy muy feliz con mi profesión. No elegiría otra. Amo lo que hago. Pero sería lindo que todos entendieran que no somos Dios. Estamos para ayudar, pero no podemos garantizar milagros”.
Ambos destacarron la importancia de los espacios de contención como el Colegio Médico Veterinario de San Juan. “En los últimos años, muchos colegas han vivido situaciones emocionalmente difíciles. A veces, por más que uno lo dé todo, el desenlace no es el esperado. Y eso pesa”, dijo Vicente.
Y sumó un dato que impacta: “Tenemos la estadística más alta de suicidio dentro de las profesiones. Es muy duro. Algunos colegas lo hablan, otros no… y eso es lo más peligroso”.
Olivares Robledal lo confirmó: “Los más jóvenes tienen cada vez más miedo de atender al público. Los más viejos estamos más curtidos, pero igual nos duele. Por eso también hay que hablar de esto”.
Un oficio que es cuerpo, corazón y resistencia
En este 6 de agosto, Día del Médico Veterinario, las historias de Miguel Enrique Vicente, desde El Palenque en Santa Lucía, y Aldo “Pirata” Olivares Robledal, desde El Arca en Capital, resumen lo que significa ejercer la medicina animal en Argentina: una mezcla de ciencia, sensibilidad, sacrificio físico y vocación que no entiende de horarios, feriados ni ferias económicas.
Porque ser veterinario no es solo curar animales. Es sostener el vínculo humano-animal, incluso cuando el contexto hace todo lo posible por romperlo.
Por Gabriel Rotter.