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10 años sin Ariel Tapia: historia del misterioso caso que quedó impune

El juez que investigó desde el minuto uno el caso del niño que fue hallado en una heladera, falleció y con él, el secreto mejor guardado: la hipótesis que no pudo comprobar.

Hace 10 años, la provincia quedó perpleja con un caso que estremeció y lastimó la historia de San Juan. Un niño de 12 años, a quien su familia buscaba desde el 1 de diciembre, apareció sin vida en el interior de una heladera, que estaba en ese momento,abandonada en un descampado, cercano a su casa. Ariel Tapia, un niño abanderado, bondadoso, querido por la comunidad de Villa Angelita, que nada tenía que esconder, murió por asfixia bajo circunstancias poco claras.

Ese niño que, para algunos funcionarios policiales y del Ministerio de Gobierno de aquel momento, seguramente se había ido de su casa "por travesuras de chicos", terminó por ser hallado en un escenario terrorífico. Su cuerpo estuvo varios días sin vida y el proceso de descomposición de aceleró, por lo cual, la investigación forense fue muy difícil. A eso se le sumó que las huellas halladas en la heladera pertenecían a muchas personas, entre ellas, a los funcionarios policiales que habían "investigado" su desaparición. La escena del crimen estaba contaminada, fue un golpe fatal para la investigación.

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Si Ariel se escondió en la heladera y se le cerró la puerta, era una de las hipótesis que se manejaban en el momento del hallazgo. "Un accidente, de un chico juguetón": aunque no se comprobó que en ese momento haya jugado con alguien. De hecho, el testimonio de sus amigos fue claro, nadie vio a Ariel.

Se lo vio por última vez en su casa y en ese lugar había dos personas: su hermano y su padrastro Franco Sifuentes. La madre de Ariel, Alejandra Silva, había salido y no estuvo presente en el momento de su desaparición. La alarma sonó cuando la mujer se enteró de que su hijo no estaba en la casa. ¿Qué pasó esa noche? ¿Por qué el niño terminó dentro de una heladera?

Que estaba semidesnudo fue real, la ropa de Ariel no estaba por ninguna parte. El niño estuvo inconsciente por un tiempo en la heladera, antes de su deceso, pero no se pudo saber si, luego de haber recibido un golpe en la cabeza, volvió a retomar la conciencia y murió habiendo despertado adentro; si se supo que el golpe, existió. Entonces, el camino conduce a que el chico fue colocado en ese lugar, porque cuando llegó allí estaba inconsciente y la heladera se cerró desde afuera.

En aquel momento, las últimas personas que estuvieron con Ariel (Sifuentes y su hermano) quedaron detenidos, al igual que su madre. Era el primer caso del juez Benito Ortiz y le tocó la investigación más difícil de todas. Un presunto crimen que no tenía puntos claros y sí, un niño muerto.

La primera versión que apareció en el medio fue que el niño "era una mulita". La historia de la droga y de su padrastro vinculado sonó fuerte por mucho tiempo. No se pudo comprobar la hipótesis ni el vínculo con el narcotráfico; su historia en aquel momento se comparó con la de Candela Rodríguez, la nena que apareció desnuda y golpeada, en un contenedor en Buenos Aires. Ariel no fue igual, pero su escenario era similar. Todo un país los buscó y tuvieron el peor final; hubo errores garrafales que entorpecieron la investigación. Sin embargo, el juez que investigó el caso tenía otra mirada, aunque nunca pudo caratular la causa como un homicidio.

Benito y el secreto mejor guardado

Por causa de la pandemia, el juez Benito Ortíz partió de este mundo. Era joven, hacía pocos años que había sumido como titular del 1° juzgado de Instrucción y tenía muchos casos importantes en su haber. Pero el más relevante para él, quizás, porque fue el que le quedó pendiente fue el caso Ariel Tapia, su primer caso.

Casi recién llegado a su despacho, el juez había recibido el llamado diciendo que el niño que era buscado apareció muerto. Cuando llegó a la escena ya había un "mundo de gente". Huellas por todos lados, el arco perimetral que se había colocado tarde, los mirones de siempre, los allegados y su dolor; un panorama dantesco.

Benito no tenía buenas armas a su favor, aunque creía que así era, por eso en las primeras horas de la noche decidió firmar la detención de tres personas. Sin embargo no resultó certero. La investigación continúa, con el relato de testigos. Nadie vio a Ariel en situación sospechosa. Pero hubo un testimonio que llamó la atención: lo vieron mirando por la ventana de su casa. ¿Qué vio?

La hipótesis de que Ariel Tapia vio algo sonó durante meses en la cabeza de Benito Ortíz y su hipótesis viajaba por ese camino. "Hay indicios, pero no son suficientes para imputar a nadie", dijo a sanjuan8.com en aquel momento. "No hay signos de abuso sexual, ni fractura, tampoco signos de estrangulamiento. No se encontraron elementos tóxicos en los estudios realizados", también había explicado Ortiz. Pero él tenía una teoría. El niño quería irse de su casa desde hacía tiempo, según los testigos, porque la convivencia no era la mejor, la pregunta era si él sabía algo más.

La investigación de Ariel llegó a Salta, donde se realizaron estudios en la heladera que fue enviada especialmente por los peritos forenses de San Juan. Cuando llegaron los estudios, total hermetismo. Aunque hubo un elemento llamativo que fue examinado, ropa con sangre hallada en una de las habitaciones de la familia de Ariel.

El juez le comunicó a la familia que el ADN de la sangre hallada coincidía con el tipo de sangre del nene, pero la respuesta de la madre es que esa sangre era del padre de Ariel, muerto en un accidente 4 años antes. La madre de Ariel Tapia explicó esta situación: "Es la ropa que me entregaron de mi marido cuando tuvo el accidente. Nunca la lavé y la guardé en una mochila que fue encontrada por la policía. El juez la vio y me dijo "no se haga problema que ya tenemos al asesino", pero sin embargo se equivocó. Era la ropa de mi marido", dijo Alejandra Silva a sanjuan8.com.

La relación entre el juez y la madre del nene nunca fue buena. Ella decía que él nunca le aportaba nada o que no la quería recibir; él respondía a eso que ella no quería decir la verdad, que sabía cosas y que estaba "protegiendo" a alguien. Esto fue porque el juez tenía armada su hipótesis y los allegados al pequeño podrían tener algo que ver. "Esa familia a mí nunca me vino a tocar la puerta para preguntarme nada", fue la última afirmación del juez sobre el tema, antes de morir.

Luego de varios estudios que apuntaban a esclarecer el caso, se confirmaron tres indicios que marcarían el camino del juez.

1-Tenía un golpe en la cabeza: el nene tenía una herida en su cabeza que fue muy difícil de asumir por el estado avanzado de descomposición del cuerpo de Ariel. Tenía alrededor de cinco días de fallecido y eso imposibilitó detectar detalles que se diluyeron.

2- No estaba vestido: Ariel fue hallado en el interior de la heladera con menos de la mitad de ropa que llevaba cuando se perdió. El electrodoméstico en desuso estaba en un descampado de villa Angelita. ¿Pudo haberse desvestido cuando ingresó a la heladera? Es poco probable, porque tampoco tenía calzado y semidesnudo no andaba por la calle, según lo que manifestaron testigos.

3-La ropa no apareció: Cuando ingresó a la heladera, el nene estaba inconsciente: Ariel no entró por propia voluntad, según indicaron los estudios específicos realizados en Salta, cuando lo hallaron. Este punto es el clave para determinar que efectivamente el nene no pudo ingresar solo a ese lugar, sino que lo llevaron y lo encerraron, tal vez, creyendo que estaba muerto; pero no, Ariel aún respiraba. Murió asfixiado.

Otro detenido, nada nuevo

En 2014, hubo una persona que denunció a un supuesto autor del crimen, Lucas Leguizamón, quien fue detenido por algunas horas, pero sin llegar a ninguna parte. No había pruebas que condenen a esta persona que llegó al despacho del juez sin una historia contundente. El juez lo dejó libre porque tenía la certeza de que era una falsa denuncia.

El 3 de diciembre de 2022, Ariel habría cumplido sus 22 años, pero no pudo. Nadie respondió por él. La justicia quedó en silencio desde hace muchos años, pero Ariel sigue en la memoria.