Según la investigación preliminar, delincuentes informáticos lograron infiltrarse en el sistema del establecimiento y realizar cuatro transferencias por $1.000.000 cada una, lo que totalizó un perjuicio de $4 millones.
De acuerdo con lo explicado por Pereira, los virus troyanos suelen ocultarse en correos electrónicos que aparentan ser mensajes legítimos. Cuando el destinatario abre el archivo o accede al enlace, el software malicioso se activa y permite que los atacantes accedan a datos sensibles o incluso tomen control del sistema.
Este tipo de maniobra puede derivar en el robo de credenciales bancarias o en la posibilidad de operar cuentas sin autorización.
Los investigadores también detectaron que, además de las transferencias realizadas, los atacantes habrían intentado gestionar un préstamo por $1.700.000, aunque todavía no se confirmó si esa operación llegó a concretarse.
En paralelo, la fiscalía trabaja para rastrear el recorrido del dinero transferido y determinar las cuentas que habrían sido utilizadas para concretar la estafa.
Pereira remarcó que, si bien existen programas de seguridad capaces de detectar archivos maliciosos, en muchos casos el virus logra ejecutarse antes de ser identificado, lo que facilita el acceso de los delincuentes a los sistemas.
Por ese motivo, desde la UFI de Delitos Informáticos insisten en la importancia de extremar precauciones con correos electrónicos sospechosos o enlaces desconocidos, ya que suelen ser la puerta de entrada de este tipo de ataques.
La investigación continúa con el objetivo de identificar a los responsables y determinar cómo se concretó la maniobra que afectó al establecimiento médico del microcentro sanjuanino.