Puerto Iguazú superó el 82% de ocupación, con picos del 85% y más de 68.000 arribos. Ushuaia alcanzó el 88% en los primeros 15 días y proyecta un 83% para la segunda quincena, impulsada por festivales culturales, actividades al aire libre y el intenso movimiento de cruceros. En Mendoza capital y Bariloche, la ocupación rondó el 80%, mientras que en Córdoba, Carlos Paz llegó al 90% y Santa Rosa de Calamuchita al 95%.
Un segundo grupo de destinos mostró niveles medios, entre el 60% y el 75%, característicos del turismo de escapadas y cercanía. Chascomús promedió el 62%, Mar del Plata el 60% y el promedio provincial de Buenos Aires registró un flujo de 3,6 millones de turistas, levemente por debajo de 2025. En el Norte, Tafí del Valle, San Javier y la Quebrada de Humahuaca superaron el 70% de ocupación.
También hubo plazas con un inicio más lento, como Puerto Madryn, Posadas, Corrientes, Tucumán y Santiago del Estero, aunque con señales claras de recuperación hacia la segunda mitad del mes, apalancadas en eventos y fines de semana largos.
Un turista que decide tarde y ajusta su estadía
El rasgo más marcado de la temporada es el cambio en el comportamiento del turista. La decisión tardía se consolida como norma: muchas reservas se concretan en el día o con pocas horas de anticipación. Este patrón atraviesa todo el país y responde a un viajero que controla el gasto, prioriza experiencias concretas y evita compromisos largos.
La duración de la estadía acompaña esta lógica. En ciudades de paso y destinos regionales predominan pernoctes de una o dos noches, mientras que en plazas consolidadas como Bariloche, Mar del Plata, Iguazú y Ushuaia el promedio se mantiene entre 3 y 4 noches. En el Norte y el Litoral, la permanencia oscila entre 2 y 5 noches, según la combinación de termas, playas de río, eventos y propuestas culturales.
Gasto: menos impulsivo, pero con impacto real
Aun con un consumo más prudente, el gasto turístico sigue siendo significativo y genera un impacto económico concreto. En gran parte del país, el gasto diario promedio se ubicó entre $95.000 y $100.000 por persona, con casos destacados como Entre Ríos, Chascomús y Santa Fe capital, donde el consumo urbano, la gastronomía y los eventos elevan el ticket promedio.
En destinos de alta tracción, el gasto se dispara. Puerto Iguazú superó los $117.000 diarios por visitante, mientras que Ushuaia alcanzó valores cercanos a los $370.000, impulsados por excursiones, navegación, gastronomía y turismo de cruceros.
La contracara aparece en la provincia de Buenos Aires, donde los registros oficiales muestran una caída interanual del 21% en la primera quincena y una baja aún mayor en la Costa Atlántica, con fuerte impacto en el consumo registrado.
Eventos y cultura, los grandes motores
El calendario cultural y deportivo se consolida como el principal acelerador de la temporada. Fiestas populares, carnavales, festivales y competencias deportivas ordenan el calendario, disparan viajes de último momento y concentran consumo.
Carnavales en Entre Ríos, festivales en Misiones, Santa Fe, La Rioja, San Luis y Córdoba, eventos culturales en Ushuaia y propuestas gastronómicas en la Patagonia y el Litoral muestran que la agenda es clave para sostener la demanda. El deporte también cumple un rol central, con carreras, torneos y competencias que generan picos puntuales de ocupación y alta rotación.
Los parques nacionales, playas, termas y destinos de naturaleza siguen siendo el ancla del verano. Iguazú, Ushuaia, El Calafate, los Esteros del Iberá, la Costa Atlántica y las playas de río concentraron buena parte del flujo turístico. A esto se suman experiencias especiales como paseos de luna llena, trekking guiado y turismo activo, que convierten a la naturaleza en un evento en sí mismo.
Los desafíos del sector, según CAME
Entre las principales preocupaciones aparecen el crecimiento de la oferta informal de alojamiento, que presiona sobre precios y rentabilidad; el aumento de costos operativos; la dependencia del clima y la agenda; y la necesidad de una comunicación más precisa frente a contingencias ambientales, para evitar impactos negativos innecesarios sobre destinos plenamente operativos.
En síntesis, el verano 2026 confirma un turismo que se mueve, pero lo hace con cabeza fría: decide tarde, ajusta su estadía y gasta de manera selectiva. Los destinos que logran diferenciarse, ofrecer experiencias claras y comunicar bien su propuesta son los que mejor están capitalizando esta nueva lógica del viajero argentino.