"Crecimos jugando al fútbol con mucha pasión, con muchas ganas de divertirnos y pasarla bien. Nunca pensamos en la presión, siempre lo vivimos como algo natural. Somos un grupo competitivo, nos gusta ganar, pero entendemos que esto es un deporte colectivo y que el rival también juega. No siempre se puede ganar", reflexionó.
Lejos del discurso triunfalista que suele rodear una final, Messi eligió hablar desde la experiencia. Reconoció que las derrotas también fueron parte fundamental de su carrera y explicó cómo eso terminó fortaleciendo su personalidad.
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"Fui aprendiendo que se pierde más de lo que se gana. Eso me hizo crecer como persona y como jugador", aseguró.
Uno de los momentos más esperados de la conferencia llegó cuando le preguntaron por Lamine Yamal, la joven figura española con quien protagoniza una historia tan increíble como simbólica. Hace casi dos décadas, Messi apareció en una producción fotográfica junto a un bebé que hoy es una de las máximas figuras del fútbol mundial. Ese niño era, justamente, Lamine Yamal.
"Es una locura que haya pasado eso. Hice esa foto cuando él era un bebé y ahora nos toca enfrentarnos en una final del Mundial", contó entre sonrisas.
"Lamine es un grandísimo jugador. Lo seguí muchísimo porque juega en un club que amo. Es uno de los referentes del fútbol mundial con apenas 19 años. Tiene toda una carrera por delante y seguramente tendrá muchas oportunidades para hacer historia", afirmó.
Sin embargo, dejó en claro cuál será el objetivo del domingo. "Intentaremos hacer un gran partido para que no tenga su mejor versión. Sabemos lo difícil que es, porque España tiene grandísimos jugadores, pero nosotros también tenemos nuestras armas".
La conferencia también tuvo un momento particular cuando el extenista Novak Djokovic le preguntó a Messi y a Scaloni cómo se maneja la presión antes de una final mundialista. Antes de responder, el auditorio volvió a explotar coreando el apellido del capitán argentino. "Mañana sale el sol siempre. No vale la pena preocuparse por lo que pase", resumió el entrenador.
Después habló Messi. Y volvió a dejar una frase que parece definir el momento de esta Selección: disfrutar, competir y entender que, aun en el escenario más grande del fútbol, nadie tiene garantizada la victoria.
Con esa serenidad que transmite desde hace años, el capitán volvió a mostrarse lejos de la ansiedad. Argentina ya está en la final. Ahora solo resta que la pelota empiece a rodar frente a España para conocer si la historia le permitirá sumar una cuarta estrella.