Pero detrás de ese oro había una historia pendiente.
En los Juegos Panamericanos Junior de Asunción 2025, Kalejman había conseguido el primer puesto, pero posteriormente fue descalificado por una supuesta irregularidad técnica relacionada con el asiento de su bicicleta, luego de un reclamo de la delegación colombiana.
Por eso, cuando terminó la carrera en Rafaela, no dudó en definir lo ocurrido como una revancha. “Sí, tal cual, es una revancha”, reconoció en diálogo con TyC Sports. El sanjuanino contó que había preparado específicamente esta competencia y que sabía que tendría enfrente a un rival de enorme experiencia.
“Me preparé superbien porque venía a esto, había un rival complicado, Walter Vargas, que es el rey de América de la contrarreloj y muy bueno a nivel mundial”.
La prueba exigió llevar el cuerpo al límite durante prácticamente una hora. A diferencia de las carreras de pelotón o de las competencias en velódromo, la contrarreloj no permite especular demasiado: cada ciclista corre contra el reloj y debe sostener el esfuerzo hasta el final.
“Es salir y llegar a tope. Es una carrera en la que gana el que aguanta más tiempo; llevás el cuerpo al límite”, explicó Kalejman. Incluso contó que llegó a registrar alrededor de 190 pulsaciones durante el recorrido. “Acá, en cambio, vas a 190 pulsos permanentemente”.
El detalle adquiere todavía más valor porque Kalejman fue uno de los primeros en largar y, por lo tanto, no tenía referencias visuales de sus principales rivales durante buena parte de la carrera.
La medalla también puso sobre la mesa una realidad que muchas veces queda detrás de los resultados deportivos. Kalejman contó que, además de entrenar y competir, trabaja para poder sostener su carrera deportiva. Su principal respaldo económico proviene de un emprendimiento personal vinculado a la importación y venta de artículos electrónicos.
“Hago esto porque me gusta, también trabajo. Mi único sponsor es mi negocio y no recibo apoyo de nadie”, señaló. Así, el oro conseguido en Rafaela no solamente representa el resultado de una carrera de 48 kilómetros, sino también de una preparación que, según explicó, fue específicamente pensada para llegar de la mejor manera a esta competencia.
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La jornada también tuvo acento sanjuanino en la prueba femenina. Delfina Dibella terminó tercera en la contrarreloj individual, después de completar los 36 kilómetros en 48:26.520.
La medalla de oro fue para la chilena Aranza Villalón, con 47:35.04, mientras que la paraguaya Agua Espínola obtuvo la plata con 47:47.59. Dibella, de 20 años, sabía que tenía posibilidades de pelear por un lugar en el podio, pero reconoció que la certeza solamente llegó cuando terminó la competencia.
“La verdad, muy contenta. Sabía que tenía la posibilidad de estar en el podio, pero nunca se sabe hasta que no llega la última corredora”, expresó.
El bronce tiene además un significado especial porque representa un nuevo paso en su crecimiento internacional. La sanjuanina ya había conseguido un podio en una contrarreloj durante los Juegos Panamericanos Junior de 2025 y este año se convirtió en la primera mujer argentina en participar de la Vuelta a España.
Esta vez, además, tuvo la posibilidad de competir en Argentina y acompañada por su familia. “Con mi familia es otra cosa. El apoyo de ellos es de lo más importante. La crono es algo muy individual, muy personal, y al final esos segundos hacen la diferencia”, explicó.
Aunque la carrera sea individual, Dibella remarcó que detrás de cada resultado existe un equipo que acompaña, prepara y guía durante el recorrido.
El bronce en Santa Fe no significa una pausa para la sanjuanina. Su calendario internacional continúa y ahora deberá cambiar rápidamente el foco hacia su próximo desafío. “Ahora voy a estar viajando hacia Montreal para correr el Campeonato del Mundo, una de las últimas pruebas que tengo para esta temporada”, contó.
Antes de partir, Dibella también tuvo presente a quienes acompañan su carrera desde San Juan.
“Ya estoy con ganas de volver a San Juan, de compartir un poco con mis amigos, con mis conocidos, con aquellos con los que entreno todos los días y que me acompañan en este proceso”.
Y dejó una frase que resume el significado personal de esta medalla: “Es un orgullo para mí ser de San Juan y poder vivir todo lo que estoy viviendo, y mucho más hacerlo acá, en Argentina”.
Dos carreras diferentes, dos historias personales y dos podios para el ciclismo sanjuanino en los ODESUR. Kalejman encontró en el oro una revancha deportiva que venía buscando desde Asunción, mientras Dibella sumó un nuevo capítulo a una carrera internacional que continúa creciendo.