River no le encontró la vuelta al partido. Nunca se sintió cómodo. E Independiente creció con el correr de los minutos. Se empezó a animar a faltarle el respeto cada vez con más frecuencia. Lo atacó con decisión y sin perder el orden. Abaldo, quien con apenas tres entrenamientos fue titular de forma sorpresiva, fue más movedizo y exigió mucho más que un Ávalos que venía contrariado y resistido por su bajo nivel. El uruguayo le dio otra dinámica al ataque y tuvo más presencia. Vaccari apostó por él en una decisión que se tornó arriesgada por el contexto y el charrúa respondió porque fue influyente en el partido.
River, asfixiado por la presión que ejerció el Rojo, no encontró la forma de hacerles llegar la pelota en posiciones favorables a Colidio y Borja. No afloraron las rutas de pase. No fluyó el juego. Independiente, en cambio, mostró la actitud, el temperamento, la intensidad que le reclamaba su público. Creció Loyola. Mejoró Montiel. Gravitó Cabral. Y así, el equipo volvió a llevar impreso el sello de Vaccari.
Ninguno de los dos quedó conforme. El empate no dejó satisfecho a ninguno. River porque no terminó de hacer pie y se le frenó un poco el envión. Independiente porque dio la talla, pero precisaba ganar con urgencia y no lo hizo. Su gente igual reconoció el esfuerzo con aplausos. Lo que quedó claro fue que ninguno de los dos se vio afectado por la distracción de la proximidad de los duelos coperos que se les avecinan. A Independiente se le viene la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana ante Universidad de Chile, el próximo miércoles, en Santiago. El Millonario visitará el jueves a Libertad, por la Libertadores. En Avellaneda, en un duelo con tres goles no convalidados, ambos terminaron anulados. Y a mano.
FUENTE: Olé