Durante su homilía, León XIV recordó a María Cobo, peregrina española de 30 años fallecida antes de llegar a Roma, y a Pascale Rafic, egipcia de 18 años que murió tras un infarto durante el viaje. Visiblemente emocionado, el Papa compartió que había recibido en el Vaticano a los compañeros de Pascale para ofrecerles consuelo.
“¡Fue una cascada de gracia para la Iglesia y para el mundo entero!”, expresó León XIV, agradeciendo “uno por uno, de todo corazón” la presencia de los jóvenes.
Un mensaje para los jóvenes en zonas de conflicto
El Papa dedicó también palabras a quienes viven en contextos más difíciles: “Estamos con los jóvenes de Gaza, con los jóvenes de Ucrania, con los de todas las tierras ensangrentadas por la guerra”, afirmó en inglés.
En español, llamó a la juventud a ser “semillas de esperanza”: “Sí, con Cristo es posible. Con su amor, con su perdón, con la fuerza de su Espíritu”.
Al despedirse, León XIV citó a Juan Pablo II, definiendo a los jóvenes como “centinelas de la mañana”, y pidió que llevaran ese mensaje a los que no pudieron estar presentes: “Lleven esta alegría, este entusiasmo, al mundo entero. Ustedes son la sal de la tierra, la luz del mundo”.