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Karina Milei en rol de "Adorni" se mostró negociando con gobernadores

La secretaria general encabezó una reunión clave para habilitar inversiones privadas en rutas. Provincias presionan por obras y Nación redefine su rol.

En silencio, pero con cada vez más peso político, Karina Milei volvió a ocupar el centro de la escena. Esta vez fue en Casa Rosada, donde encabezó una reunión con los gobernadores Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo para avanzar en un esquema que marca el rumbo del Gobierno: menos Estado, más privados.

El eje del encuentro fue concreto y, al mismo tiempo, revelador. La Nación anticipó la firma de un decreto que permitirá a las provincias impulsar obras sobre rutas nacionales con financiamiento privado. No es un detalle técnico: es un cambio de lógica. Donde antes había obra pública financiada por el Estado, ahora se busca abrir la puerta a inversores.

La movida llega en un contexto de presión creciente. Gobernadores e intendentes vienen reclamando por la paralización de obras, una postal que se repite en distintas provincias. Del otro lado, la administración de Javier Milei sostiene su hoja de ruta: ajuste fiscal y recorte del gasto, incluso en infraestructura.

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En ese equilibrio incómodo aparece la figura de Karina Milei, que sin exposición permanente pero con decisiones concretas, empieza a consolidar poder dentro del esquema político del Gobierno. No es menor que sea ella quien articula con mandatarios que, sin ser oficialistas, mantienen canales de diálogo abiertos.

El respaldo de Frigerio y Cornejo al “rumbo” del Ejecutivo también tiene lectura política. En medio de tensiones por recursos y coparticipación, ambos eligieron acompañar una iniciativa que, en los hechos, traslada responsabilidades a las provincias y al sector privado.

La ausencia de otros nombres fuertes en la mesa —como el jefe de Gabinete— también deja entrever un reordenamiento interno donde las decisiones pasan por un círculo cada vez más reducido.

Mientras tanto, afuera de Casa Rosada, el clima es otro. Intendentes peronistas, con el respaldo de Axel Kicillof, volvieron a reclamar por fondos y obras paralizadas. La tensión no es nueva, pero escala en la medida en que el ajuste impacta directamente en la infraestructura.

El punto de fondo no es solo quién financia las rutas, sino qué modelo de Estado se está consolidando. La apuesta oficial es clara: correrse y dejar lugar al privado. La incógnita —todavía abierta— es si ese esquema será capaz de responder con la misma velocidad y alcance que demanda la realidad.