A nivel regional, Alimentos y bebidas no alcohólicas fue la división con mayor incidencia en la variación mensual, mientras que los menores incrementos se registraron en Prendas de vestir y calzado (1,1%) y Educación (0,4%).
Por categorías, los precios regulados lideraron el aumento con una suba del 3,3%, seguidos por el IPC núcleo (3,0%), mientras que los precios estacionales mostraron un avance más moderado del 0,6%.
En términos macroeconómicos, la desaceleración inflacionaria de 2024 y 2025 estuvo asociada a un proceso de ordenamiento que incluyó la reversión del déficit fiscal, el fin de la asistencia monetaria del Banco Central al Tesoro y un esquema cambiario que funcionó como ancla nominal. En ese marco, se registró una apreciación real del 41% desde diciembre de 2023, lo que permitió mantener la inflación en torno al 2% mensual.
En la comparación histórica reciente, el IPC de 2024 había sido del 117,8%, muy por debajo del 211,4% de 2023, último año de la gestión de Alberto Fernández.
De cara a 2026, las proyecciones privadas anticipan una inflación anual del 20,5%, con un enero que volvería a ubicarse por encima del 2%. Según estas estimaciones, la inflación de un dígito recién podría alcanzarse en 2028, en un escenario donde la dinámica cambiaria y la acumulación de reservas serán factores clave. En ese contexto, las consultoras advierten que podrían requerirse nuevas herramientas, como tasas de interés reales positivas, para sostener el proceso de desinflación.