Incendios en Chubut, desde el frente: testimonios de bomberos de San Juan
Mientras los incendios forestales avanzan en Chubut y ya arrasaron más de 45.000 hectáreas, una brigada de bomberos sanjuaninos trabaja en zonas de alto riesgo. Desde el lugar, relatan el impacto del fuego, el miedo de los pobladores y la complejidad del operativo.
La emergencia por los incendios forestales en la Patagonia continúa agravándose y mantiene en alerta a varias provincias. En Chubut, el fuego ya consumió más de 45.000 hectáreas, con focos activos en áreas de difícil acceso, fuertes vientos y condiciones climáticas adversas que complican el combate.
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En ese escenario, San Juan dijo presente con el envío de una brigada especializada de bomberos que trabaja desde hace varios días en el sur del país. El contingente está integrado por 10 efectivos, entre ellos ocho bomberos de la Policía de San Juan y dos agentes del Servicio Penitenciario Provincial, todos con formación en extinción de incendios forestales.
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El subcomisario Víctor Cabrera, jefe de la brigada sanjuanina, explicó que el equipo fue desplegado en la localidad de Cholila, con tareas en sectores clave como las serranías del cerro La Momia, el Parque Patriada y áreas cercanas al Parque Nacional Los Alerces.
“Nuestra misión es colaborar en la extinción de incendios en estos sectores críticos de la provincia de Chubut”, señaló Cabrera, quien remarcó el orgullo que representa para el equipo poder cumplir esa función fuera de la provincia.
Según relató, el trabajo no solo implica un enorme esfuerzo físico, sino también un fuerte impacto emocional. “Somos conscientes de que venimos a un lugar donde los pobladores tienen miedo, están frustrados y entristecidos”, expresó, al describir las consecuencias del fuego sobre comunidades que dependen directamente del entorno natural.
El jefe de brigada detalló que los incendios afectan de manera directa a la industria maderera, la ganadería bovina y ovina, y a pequeños pobladores rurales. Las llamas arrasan con pastizales, dejan los campos cubiertos de ceniza y vuelven inutilizable gran parte de la madera que estaba lista para ser explotada.
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Uno de los puntos más sensibles son las ecoaldeas, pequeños grupos de viviendas ubicadas en medio del bosque. “Son familias que viven de manera muy natural, con agua de arroyos y energía solar. El incendio pone en peligro directo esas casas”, advirtió Cabrera.
El domingo fue, según su testimonio, uno de los días más duros del operativo. A pesar del trabajo sostenido, el viento provocó que el fuego se descontrolara y obligó a evacuar tanto a brigadistas como a pobladores. Durante esa jornada, el equipo había logrado abrir casi dos kilómetros de líneas de defensa, una técnica que consiste en limpiar franjas de vegetación para frenar el avance de las llamas.
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Sin embargo, el esfuerzo se vio neutralizado por un fenómeno especialmente peligroso: el fuego de copa, que avanza por la parte superior de los árboles. “Es uno de los principales riesgos para los bomberos, porque puede provocar lesiones graves o incluso accidentes fatales”, explicó el subcomisario sanjuanino.
Con el correr de los días, la experiencia y capacitación de los brigadistas locales llevó a que fueran asignados a tareas más complejas, incluyendo ataques directos con camiones autobomba y trabajos en zonas alejadas a las que solo se accede cruzando ríos en balsa.
Mientras tanto, el operativo continúa con más de 600 brigadistas desplegados en toda la región patagónica y más de 220.000 hectáreas afectadas en distintos focos activos. El pronóstico climático sigue siendo desfavorable y el riesgo permanece alto.