El documento también puso el foco en la responsabilidad de quienes ocupan cargos públicos. Para IDEA, quienes fueron elegidos para gobernar deben contribuir a una discusión democrática en la que las diferencias se expresen sin ataques personales. Los agravios contra periodistas mientras ejercen su trabajo, advirtió, contradicen ese compromiso.
El pronunciamiento llegó después de que Milei apuntara contra Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodríguez, Natalia Volosín y Luis Novaresio durante su discurso ante simpatizantes de la Fundación Faro. En ese contexto, el Presidente utilizó expresiones agraviantes y pidió que los periodistas fueran “quemados en la hoguera”, en referencia a sus cuestionamientos y coberturas periodísticas. Los dichos generaron críticas de organizaciones vinculadas con la defensa de la libertad de expresión.
Cuando el insulto se convierte en una herramienta política
Lo ocurrido no es un episodio aislado dentro de la comunicación de Milei. Los insultos y las descalificaciones contra periodistas, dirigentes y otros críticos se repitieron durante su gestión y fueron objeto de distintos relevamientos.
Un informe de Chequeado contabilizó 1.051 insultos, descalificaciones o ataques del Presidente durante sus primeros 14 meses de gobierno.
Por su parte, un análisis de publicaciones de Milei en la red social X detectó que 16.806 de 113.649 posteos examinados contenían insultos, lo que representaba el 15,2% del total analizado.
Detrás de esta forma de comunicar hay una lógica que va más allá del exabrupto. En un escenario político cada vez más atravesado por las redes sociales, el agravio puede servir para marcar enemigos, reforzar la identidad de los propios seguidores y desplazar la discusión desde los argumentos hacia la confrontación personal.
Pero que un insulto genere adhesiones o repercusión no elimina sus consecuencias sobre el debate público. Cuando un presidente desacredita a periodistas por sus investigaciones o cuestionamientos, la discusión deja de centrarse únicamente en la información y pasa también por el lugar que ocupa la prensa frente al poder.
Ese es el punto que puso sobre la mesa IDEA. La entidad recordó que la libertad de expresión y el respeto por las opiniones diferentes son condiciones básicas de la convivencia democrática, incluso en momentos de fuerte confrontación política. Las diferencias pueden ser profundas, pero el debate público necesita algo más que descalificaciones para sostenerse.