"Enterramos a casi todos los muchachos que han tenido problemas con la ley, y sus 'historias' no terminan con la muerte", explica el encargado del lugar, nacido en Zapala y criado en una casa de concepción castrense.Recuerda robos y tiroteos, peleas por herencias y jóvenes pertenecientes a bandas que han destrozado (y destrozan) las tumbas de quienes supieron ser adversarios. Y que cayeron en el pozo final de la violencia. "Una vez velábamos a un pibe del barrio San Lorenzo, al que habían tiroteado. Lo estábamos bajando cuando comenzaron a disparar. Había llegado la banda contraria, y quedamos en medio del fuego".-¿La policía no patrulla el cementerio?-Antes teníamos seguridad policial, y las cosas andaban mejor. Pero contrataron seguridad privada, y la verdad que no sirve. Este lugar a veces es tierra de nadie. Los jóvenes vienen a robar, se llevan placas (una vez se robaron 70), muchas veces asaltan a la gente, se han llevado autos... Pero además, por las tardecitas se juntan a tomar, a drogarse y la verdad es que estamos un poco desprotegidos.Espacio completoEl camposanto se ubica entre la calle Abraham y las bardas. Al lado funciona el CPEM 48, sobre tierra que supo ser del cementerio, con problemas por esa vecindad de conveniencia (ver aparte). Hay unos 5.000 cuerpos "descansando en paz" allí y "está saturado".En ese terreno de unos 380 metros por otros 320 ha pasado de todo. En la vida y en la muerte. José dice que ingresan entre 7 y 10 cuerpos semanales, que se producen no menos de cinco robos por semana y que se volvió un escenario apetecible para los hijos de lo ajeno."Vienen, se sientan en una tumba y monitorean. Cuando ven alguna mujer sola, indefensa, la roban. Hemos agarrado a varios, pero la mayoría se escapa. También pasa que estos pibes se suman al cortejo fúnebre en moto, llegan aquí y cuando la gente deja sus autos, para ir a ver el final de su ser querido, se lo roban". (Fuente: Diario Río Negro).