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Charly for ever

/// Por María Alejandra Araya

Como el Igna estaba por comprar unas tierras en Catamarca y quería verlas, le dijo a La vaga: "Vamos al campo a descansar no queda nada, nada, nada que jalar". De paso, la idea de la estufa a leña era la excusa perfecta de un finde soñado.

Franco y Ezequiel, los hijos de La vaga, se quedaban con su padre, o sea, el ESMA; Lola, la hija del Igna, con su madre, o sea, la ESMU. ¡Go to a la aventura!

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Como salieron el viernes después de mediodía, la caída del sol los encontró en la ruta. Tomaron por una huella que no era y equivocaron el camino sin más remedio que detener la marcha y esperar adentro del vehículo. La vaga sintió morirse de susto con cada ruidito y murmullo, sin hablar del silencio que en medio de la nada se parece a las fauces de un lobo. El finde romántico estaba mutando a película de terror.

El cansancio pudo con ellos y la mañana los sorprendió dormidos. Siguieron andando hasta que, a los treinta metros, después de la curva, dieron con el caserío de "La Escondida".

-¡Pero me hubiesen mandado un guasá!, amigos.

-¿Hay señal? Le contestó La vaga a Miguel, el capataz.

-No, pero me lo hubiesen mandado igual.

¿Les estaba "tomando el pelo" o lo decía honestamente? Esa retórica campestre que al citadino le cuesta decodificar.

-Amor, vamos con Miguel a recorrer el campo. En un rato vuelvo.

La vaga los vio alejarse en la camioneta. Intentó tomar un baño con la ilusión del encuentro amoroso frente a la estufa. Por eso, le consultó al hijo de Miguel que entró a la casa trayendo leña.

-No hay luz desde ayer, doña.

-¿Qué tiene que ver? Te pregunté por el agua.

-Si no hay luz, no hay agua.

-¿Y por qué no hay luz?

-Porque no hay agua.

-¿Y la heladera?

-Ah, la heladera no funciona, es a gas.

La vaga suspiró para aliviarse mientras veía el pedazo de pan con dulce transformado en banquete para las hormigas. Molesta y desilusionada, exclamó:

-¡No me banco a las hormigas!

-¿Le paso el raid, doña?