El cansancio llegaba temprano para algunos. Por primera vez, Defensa Civil estaba listo para ese momento. Los jóvenes trabajadores colaboraban desde la Cruz Roja para socorrer, alentar y contener a las personas que no se sentían en su mejor momento.Al poco andar, la altura empezaba a pasar factura. El decaimiento, el sueño, la pereza y hasta las ganas de devolverse afloraban en la piel. Se escuchaban en el camino, los que –sentados entre las rocas- aseguraban no poder seguir. “Pero ya avanzaste mucho, no podes retroceder. Se te va a hacer más fácil seguir para arriba que bajar sola”, comentaba una jovencita a su amiga porque no quería más.El delirio de no poder hacerlo obsesiona a muchos. Al mirar para arriba, un camino que se pierde, que no muestra lo que viene, que está oscuro y no deja ver la cima. Porque cuando uno cree que está por llegar, no lo está. Falta un tramo, y otro más. Hay que seguir subiendo confiado en que, en algún momento, se llega.Los peregrinos comparan este ascenso con la vida de la fe. En esas montañas van a demostrarse que pueden, que hay algo más allí arriba, que uno puede descubrir en su interior fuerzas que no creía que tenía. Están las personas que cuando llegan, prometen no volver más. Pero la furia y la frustración de haberse cansado tanto, de verse tan débil, de sufrir más de la cuenta siempre generan este tipo de toma de decisiones. A veces vuelven y dejan atrás el pesimismo.En la cima de las sierras está la respuesta. El contacto único con la naturaleza, la congregación de miles de personas que ahora llevan sus carpas, sus leños, sus infusiones calientes para esperar la celebración de la misa. Porque cerca de las 7.30, Monseñor Alfonso Delgado dice presente año a año. Precisamente, esta es la 15va vez que sube; con dos bastones y a paso sigiloso. Antes de la celebración, dos sacerdotes de la parroquia Sagrada Familia aguardan para las confesiones. Este año, los peregrinos conseguían la indulgencia plenaria luego de pasar por el umbral de la misericordia o la llamada “puerta del perdón”. Confesarse y comulgar, eran las consignas.Este año también hubo una sorpresa. El estallido de fuegos artificiales en el suelo madrugador –a las 5.30- despertaron a los cansados que reposaban tras una larga caminata. Es que la subida se estima entre 3 y 5 horas dependiendo de la velocidad y de la cantidad de veces que decidan pararse para descansar. Al amanecer, las fogatas que le hacían frente a la fría mañana comienzan a apagarse luego del rocío de la mañana porque terminada de misa pascual es hora de bajar. Ese es el momento en el que el peregrino se encuentra con su fe. Cuando puede ver, a plena luz del día el largo camino sinuoso que recorrió por horas. Llegan cansados pero convencidos de que se puede.
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