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Síndrome metabólico: qué es y cuál es el papel de la actividad física

Vamos a suponer que levantarte a las siete de la mañana te permite tiempo más que suficiente para prepararte, y llegar al trabajo a las nueve. Pero en lugar de despertarte a las siete, lo haces a las siete y media. Además, tienes que hacer unas tareas extras antes de irte, y encima el coche no te arranca. Esa mezcla de acontecimientos aumenta exponencialmente el riesgo de llegar tarde al trabajo.

Adaptando esa analogía, imagina ahora que levantarte a las siete de la mañana se compara con nutrirte de forma saludable y llevar un estilo de vida activo. Despertarte a las siete y media sería ser sedentario y comer mal. Además, se añaden tareas extras en forma de alguna enfermedad como la diabetes. Y a todo ello se suma que el coche no arranca, que en nuestro caso pudiera ser otra enfermedad más como hipertensión arterial.

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Esa mezcla explosiva, si ocurre de forma puntual en un día de trabajo nos hará llegar tarde, sin mayores problemas. Si lo hacemos cada día seguramente nos despedirán de ese trabajo. Respecto a la salud, un día de sofá o una Nochebuena de excesos no generarán mayores problemas, pero si sumamos enfermedades y días de inactividad poco saludables, el desenlace puede ser irreversible.

¿En qué consiste el síndrome metabólico?

La OMS actualiza cada año los factores que aumentan el riesgo de muerte por todas las causas. Las primeras posiciones las ocupan siempre la hipertensión arterial, el tabaquismo, la hiperglucemia, la inactividad física, la obesidad y la hipercolesterolemia. El síndrome metabólico es una mezcla de varias de ellas, lo que aumenta el riesgo de enfermedad y mortalidad de forma exponencial.

Definición consensuada de síndrome metabólico

Según la organización que consultemos, el síndrome metabólico se definirá de forma distinta. En todas ellas se produce una mezcla de varios de los factores comentados en el párrafo anterior, pero la combinación que proponen es diferente. Lo que tienen en común es que se diagnosticará síndrome metabólico si se dan tres componentes, o más, de los siguientes:

Presión arterial mayor o igual a 130 mmHg para la sistólica, y mayor o igual a 85 mmHg para la diastólica.

Triglicéridos mayores o iguales a 150 mg / dL.

HDL-C, denominado cotidianamente como el colesterol bueno, igual o por debajo de 40 mg / dL en hombres o igual o menor de 50 mg / dL en mujeres.

Glucosa en ayunas igual o mayor a 100 mg / dL

Perímetro de cintura igual o mayor a 94 cm para los hombres o igual o mayor de 80 cm para las mujeres.

Un aspecto a tener en cuenta es que si la persona toma medicación para alguno de los componentes anteriores, será contabilizado a la hora del diagnóstico de síndrome metabólico. Se debe a que es la medicación la que hace que se encuentre en esos valores normales, y sin ella superaría los valores permitidos.

El error de detectar el síndrome metabólico por umbrales

Diagnosticar síndrome metabólico siguiendo esa definición consensuada del apartado anterior, es muy sensible al error. Una persona que se quede justo por debajo del límite de esos umbrales comentados, saldrá del médico sin síndrome metabólico.

Sin embargo, otra persona con unos valores justo por encima del límite de esos umbrales será diagnosticada con síndrome metabólico. Es decir, si por ejemplo la glucosa en ayunas es de 99 mg/ dL no contaría para el síndrome metabólico, pero si esa glucosa en ayunas es de 101 mg / dL sí sería contabilizada.

Es por ello que de un tiempo a esta parte, en lugar de utilizar los cinco umbrales como datos absolutos, se usa el Z-score. Esta herramienta tiene en cuenta todos los valores extraídos del sujeto respecto a esos cinco componentes mediante una fórmula.

Hacerlo así evita el error del diagnóstico del síndrome metabólico por umbrales, ya que introduce todos los datos y arroja un resultado menos propenso a errores.

¿Qué problemas acarrea el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico se asocia con un aumento del doble de riesgo de padecer enfermedad cardiovascular y un aumento de 1,5 veces de mortalidad por todas las causas.

Se altera la correcta función de nuestras mitocondrias, la insulina no trabaja de forma eficiente, y se disminuye la habilidad para oxidar grasas, tanto durante el ejercicio, como el resto del tiempo. Esas alteraciones, unidas a algunas más, pueden desembocar en infartos, diabetes tipo 2 y cáncer.

Para que esas funciones vuelvan a ser normales suelen recetarse medicamentos. El consumo de los mismos tiene un elevado coste sanitario para la persona y los gobiernos. Para los gobiernos porque deben desembolsar enormes cantidades de dinero y para la persona porque su salud depende de un fármaco.

El papel de la actividad física para prevenir el síndrome metabólico

El 73% de la población española de 18 a 74 años no hace ninguna actividad física. Es un dato demoledor. Más aún sabiendo que el ejercicio es una medicina que mantiene nuestros niveles de triglicéridos, glucosa, etc., en valores normales, alejándonos del síndrome metabólico.

Debido a esa inactividad física y otros factores, cursa síndrome metabólico el 34% de los estadounidenses, el 24% de los europeos y el 31% de los españoles. Es decir, una de cada cuatro personas, o un tercio de la población en algunos países, está abocada a la morbilidad y a vivir con una enfermedad causada por el estilo de vida.

Prevenir antes de curar

Hablar sobre los beneficios de una nutrición saludable y una vida activa es echar un vaso de agua al mar. Existe evidencia más que suficiente para fomentar hábitos saludables desde los primeros años de vida.

No significa que por cuidarnos estemos exentos de desarrollar algunas enfermedades como cáncer, ya que hasta deportistas de élite lo pueden desarrollar. Pero hacerlo sí mejora nuestra máquina (nuestro cuerpo) para que funcione de la forma más eficiente posible.

¿Y si ya he sido diagnosticado con síndrome metabólico?

La actividad física como medicina

Cada vez más se iguala la actividad física a un tratamiento farmacológico en varias enfermedades. Dos de los estudios más reconocidos en este ámbito son: el ejercicio como medicina y terapia en 26 enfermedades crónicas, y el ejercicio es la verdadera polipíldora.

Con respecto al síndrome metabólico, podemos revisar una interesante tesis doctoral que muestra enormes beneficios de la actividad física en este campo. Se centra en el ejercicio aeróbico, aunque si se combina con el entrenamiento de fuerza los beneficios aumentarán.

El entrenamiento físico mejorará los datos del Z-score, esa herramienta que ya hemos comentado que se utiliza para ver el estado de síndrome metabólico. Para ello basta con entrenar tres días a la semana, aunque a mayor cantidad podría mejorar aún más el estado del síndrome metabólico.

Y a medida que avancen los meses y los años podremos ver como mejora nuestra presión arterial, triglicéridos, HDL y glucosa en ayunas. Incluso, aunque nuestro perímetro abdominal no disminuya, es decir, aunque no perdamos grasa, mejoraremos nuestro Z-score.

La actividad física como polipíldora

Con el síndrome metabólico en curso es probable que se consuma algún fármaco para la presión arterial, el colesterol o el control de la glucosa. En este estudio observaron a dos grupos durante tres años. Ambos grupos tenían síndrome metabólico, pero uno de los grupos realizaba actividad física cuatro meses al año, y el otro grupo no hacía actividad física.

Después de tres años, el grupo control que no hacía actividad física aumento un 40% el uso de medicamentos, bien por un aumento de la dosis consumida, o por tener que introducir nuevos fármacos. El grupo que realizaba actividad física aumentó solamente un 8% su uso.

Otro estudio publicado el año pasado, del mismo grupo de investigación y en línea con el otro estudio que acabamos de comentar, evaluó diferentes variables a lo largo de cinco años en dos grupos de sujetos.

El esquema utilizado es el mismo que en el estudio anterior: un grupo control no hacía actividad física y otro grupo experimental hacía cuatro meses de actividad física cada año, durante esos cinco años. Los otros ocho meses del año no realizaban actividad física.

El grupo control que no realizó actividad física aumentó un 93% el uso de fármacos o dosis, mientras que en el grupo experimental aumentó un 10%. Es decir, el grupo inactivo elevó nueve veces más el consumo de fármacos o dosis que el grupo activo. Todo ello realizando trabajo aeróbico solamente tres días por semana, durante cuatro meses al año.

¿Qué hubiera pasado si hubiesen entrenado más días a la semana, más meses al año, o si hubieran introducido también entrenamiento de fuerza? Como le dice Morfeo a Neo en Matrix: ¿Qué pastilla eliges, la roja o la azul?