Entre los principales factores que detonan esta reacción están:
- Miedo al fracaso o al juicio externo.
- Falta de claridad sobre por dónde empezar.
- Tareas que no generan una recompensa inmediata.
- Exceso de autocrítica o baja autoestima.
Este proceso, además, se refuerza con la dopamina. Cada vez que postergamos algo y hacemos una actividad más placentera, el cerebro recibe una descarga de este neurotransmisor, lo que refuerza el hábito de evitar.
Cómo entrenar el cerebro para evitar la postergación
La buena noticia es que este patrón puede revertirse. Entrenar al cerebro para regular la procrastinación implica fortalecer la corteza prefrontal, el área encargada del autocontrol, la toma de decisiones y la planificación.
Los expertos recomiendan:
- Dividir tareas grandes en pasos pequeños, más manejables.
- Establecer tiempos límite o “plazos intermedios” para evitar dejar todo para el final.
- Eliminar distracciones del entorno inmediato (notificaciones, celular).
- Practicar la autoempatía, entendiendo que postergar no es un defecto, sino una señal de malestar.
- Visualizar las consecuencias positivas de terminar la tarea, para conectar con el “yo futuro”.
Desde Stanford, proponen incluso una técnica llamada “el enfoque de los 5 minutos”: consiste en empezar una tarea solo por cinco minutos. Esto activa la corteza prefrontal y ayuda a romper la barrera inicial.
FUENTE: TN