De los factores de riesgo a una población más amplia
Durante mucho tiempo, distintos estudios observaron que las personas diagnosticadas con TDAH o TEA tenían con mayor frecuencia determinadas características. Entre ellas aparecían el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer, menores niveles educativos o ingresos familiares, antecedentes de trastornos psiquiátricos en los padres y un mayor contacto previo con los servicios de salud.
Pero el nuevo análisis encontró que esas asociaciones se hicieron progresivamente menos marcadas entre quienes recibieron un diagnóstico durante la década estudiada.
Uno de los ejemplos más claros aparece en el peso al nacer. Al comienzo del período analizado, los niños nacidos con bajo peso tenían un 54% más de probabilidades de recibir un diagnóstico de TDAH o TEA que aquellos nacidos con un peso normal. Hacia el final del estudio, esa diferencia se había reducido al 17%.
También disminuyeron las diferencias relacionadas con el nacimiento prematuro y distintas medidas de desventaja socioeconómica.
“Las personas diagnosticadas en años recientes se asemejan más a la población general que aquellas que recibieron los mismos diagnósticos hace una década”, explicó Magnus Elias Tarp, primer autor del trabajo.
¿Qué puede explicar el cambio?
Los investigadores plantean varias posibilidades, aunque el estudio no permite determinar cuánto contribuyó cada una.
Entre los factores mencionados aparecen una mayor conciencia social sobre el TDAH y el autismo, una mejor capacidad de los sistemas de salud y educación para detectar determinadas características, un mayor acceso a evaluaciones diagnósticas y posibles cambios en el momento en que ciertos comportamientos pasan a considerarse clínicamente relevantes.
Por eso, los autores advierten que el aumento de los diagnósticos no puede interpretarse automáticamente como un aumento equivalente de la ocurrencia subyacente de estas condiciones.
El estudio tampoco demuestra que exista sobrediagnóstico ni que el TDAH o el autismo se hayan vuelto menos severos. Lo que muestra es un cambio en las características de la población que recibe el diagnóstico.
“Los hallazgos indican que la población que recibe estos diagnósticos ha cambiado con el tiempo”, señaló Oleguer Plana-Ripoll, autor senior de la investigación.
Los especialistas remarcaron además que será necesario realizar estudios en otros países para determinar si esta misma tendencia se repite fuera de Dinamarca.