Prevenir antes que curar: la mirada de una kinesióloga sanjuanina
En el Día del Kinesiólogo, una profesional sanjuanina pone el foco en la prevención, el rol clave en el deporte y el impacto de la tecnología en una disciplina en constante cambio.
Cada 13 de abril se conmemora en Argentina el Día del Kinesiólogo, una profesión que dejó de estar asociada únicamente a la rehabilitación para convertirse en una pieza clave en la prevención y el rendimiento físico.
En una sala donde el movimiento es rutina y el dolor, una señal de alerta, la kinesiología dejó hace tiempo de ser solo sinónimo de recuperación. En el Día del Kinesiólogo, una profesional sanjuanina aporta una mirada distinta: la de anticiparse a las lesiones antes de que aparezcan.
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La Licenciada Antonella Cabello (MP 731) se explayó ante las consultas de este medio. Su historia profesional está atravesada por el deporte. Desde hace seis ediciones integra el equipo del Ironman Argentina y trabaja con atletas de distintos niveles, desde amateurs hasta competidores de alto rendimiento. Pero su enfoque no está puesto únicamente en la exigencia, sino en lo que ocurre antes.
“La gente piensa en el kinesiólogo cuando ya se lesionó, cuando se operó o se quebró, pero no desde la prevención”, plantea. En ese sentido, remarca que su trabajo apunta a intervenir antes de que el problema exista, con controles, seguimiento y tratamientos tempranos.
Lejos de lo que se cree, el riesgo no está solo en la elite. “Las personas más propensas a lesionarse son los amateurs, porque no conocen la técnica o las cargas”, advierte. Según explica, el desconocimiento y la falta de planificación terminan siendo factores determinantes en la aparición de lesiones.
En su consultorio, ese concepto se traduce en práctica. Cada paciente tiene un esquema de trabajo propio, ajustado a sus objetivos y su rutina. “Si hay algo que duele o molesta, no es normal, y generalmente no se va solo, sino que empeora”, señala. Por eso, el abordaje se centra en detectar a tiempo signos mínimos que puedan derivar en una lesión mayor.
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El crecimiento de la actividad física en todas las edades también cambió el escenario. Hoy conviven realidades muy distintas: desde niños que empiezan en el deporte hasta adultos mayores que buscan mantenerse activos. “Tenemos un grupo de personas de entre 72 y 86 años que hacen actividad física y ejercicios neurocognitivos”, cuenta. Para la profesional, el movimiento ya no es una opción, sino una necesidad vinculada a la calidad de vida.
Esa transformación también se refleja en la formación. La kinesiología, y en especial la rama deportiva, evoluciona a un ritmo acelerado. “Año a año hay que volver a estudiar, porque la evidencia cambia y aparecen herramientas nuevas”, explica. La actualización constante se volvió una exigencia para no quedar atrás en un campo atravesado por la ciencia y la tecnología.
En ese punto, la inteligencia artificial empieza a marcar el camino. Aunque su uso aún es limitado en el país, en otros lugares ya forma parte del día a día. “Hoy hay sistemas que escanean al paciente, le arman la rutina y le corrigen los ejercicios en tiempo real”, detalla. Para ella, se trata de una herramienta que potencia el trabajo del kinesiólogo, aunque advierte sobre el atraso tecnológico local.
“Si un kinesiólogo no conoce estos avances, queda muy atrás”, resume. Sin embargo, pone un límite claro: la tecnología acompaña, pero no reemplaza el criterio profesional ni el vínculo con el paciente.
En ese equilibrio entre conocimiento, práctica y cercanía, la kinesiología se redefine. Ya no se trata solo de rehabilitar, sino de acompañar procesos, prevenir y sostener la salud en el tiempo. “El kinesiólogo es un aliado en todo esto, desde un niño hasta un deportista de elite o un adulto mayor”, concluye.
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En tiempos donde el cuerpo habla cada vez más fuerte, aprender a escucharlo —antes de que sea tarde— parece ser la verdadera clave.