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¿Por qué no todos los vinos son aptos para cocinar y cuáles se recomienda usar?

Cada variedad de vino tiene que ser utilizada en determinadas elaboraciones de comida.

En la cocina, el vino puede ser el aliado perfecto para realzar sabores, siempre que sepamos cómo usarlo. Algunas recetas lo indican expresamente, mientras que en otras queda a criterio del cocinero incorporarlo o no. Sin embargo, no todos los platos lo necesitan ni cualquier vino es apto para todo.

Así como existen reglas para maridar un plato terminado con la copa adecuada, también hay pautas para elegir qué tipo de vino sumar durante la cocción. Un error común es pensar que toda carne roja va con tinto o que todo pescado exige blanco, cuando en realidad el tipo de vino puede modificar por completo el sabor final.

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El tema volvió a generar curiosidad en redes sociales cuando “La Gorda Niembro”, usuario de X (ex Twitter), compartió un video del ex futbolista Carlos Tévez preparando un pollo al disco. Allí se lo ve al “Apache” cortar una esquina del clásico envase de cartón de Uvita, un vino tinto económico, y verter un poco sobre la preparación casi al final de la cocción para sumar sabor. Lejos de ser un sacrilegio, la técnica es válida, siempre que el vino elegido sea de nuestro gusto.

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Pero, ¿qué recomiendan los expertos a la hora de cocinar?

Vino blanco: Sauvignon Blanc, Pinot Gris o Chardonnay son ideales para platos con pescados, mariscos, pollo, cerdo o verduras.

Vino tinto ligero: Pinot Noir, Garnacha y Tempranillo maridan con carnes suaves como pollo o cerdo.

Vino tinto intenso: Cabernet Sauvignon y Syrah quedan mejor para cortes de carne más grasos, filetes o cordero.

Vinos dulces: Sauternes, Moscato y Riesling dulce se usan para postres y reducciones.

Un detalle técnico importante: según el USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos), para que el alcohol del vino se evapore y solo queden los aromas y sabores, es necesario que la preparación hierva al menos 15 minutos. En ese tiempo, aproximadamente el 50%-60% del alcohol inicial se reduce.

Finalmente, la clave es simple: nunca cocinar con un vino que no beberíamos. Si no nos gusta tomarlo solo, difícilmente el plato gane con su sabor.