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¿Por qué las personas son más propensas a conocer gente en verano?

Muchas películas románticas de Hollywood están basadas en amores de verano, donde la pasión desborda y la atracción es inmediata. Luego, en la mayoría de esas historias -que seguro vieron alguna vez en la pantalla grande-, los finales suelen ser más realistas y hasta decepcionantes. Pasa el verano y los personajes se ven obligados a romper su romance perfecto concebido seguramente en algún lugar de ensueño, por múltiples factores como pueden ser la distancia, las diferencias de edad, de estado civil y hasta socioeconómicas. Lo cierto es que, si bien hay ficción en muchas de ellas, los romances veraniegos son un hecho en el mundo entero. Existen varias razones por las cuáles las personas son más propensas a conocer gente durante esta estación del año.

El reconocido psicólogo y escritor, Bernardo Stamateas, sostuvo que las vacaciones son una etapa especial dentro de la vida de la gente porque implican un “rompimiento de la rutina”. En ese sentido, argumentó: “Todo lo que en el año estaba establecido y pautado de una manera rutinaria, de pronto se diluye. Las preocupaciones disminuyen enormemente y hay una nueva agenda que se construye de una manera relajada, sin muchos límites, con más tiempo y, por ende, una mayor predisposición para disfrutar, compartir momentos, salir y reírse. Eso hace que el factor del estrés disminuya notablemente”.

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Para el especialista, los amores de verano suelen ser “fugaces y temporales”, más allá de algunas excepciones. Y eso se debe a que “están construidos a base de bajos niveles de presiones, exigencias y expectativas”. En esa línea, explicó que ese estado de bajo estrés es lo que les permite a algunas personas buscar puntos en común con otras e ignorar las diferencias que pudiesen existir entre ambos o ser motivos de conflictos en otro momento de mayores responsabilidades.

“Los humanos somos seres sociales y la pandemia no lo ha recordado. Somos seres amorosos, de intimidad. La intimidad es revelarme ante el otro y permitir que el otro también lo haga. Es una búsqueda constante del ser humano. Puede ser de tipo cognitiva (de compartir ideas y opiniones), afectiva (compartir miedos, sueños y emociones) o de tipo más profunda en la que se comparten proyectos con el otro”, precisó Stamateas, autor de diversos libros.

Por su parte, Alejandro Schujman -psicólogo, escritor, conferencista y especialista en Familias y Orientación a padres-, explicó: “Los seres urbanos, en esta vorágine de lo cotidiano, se dan poco tiempo para las relaciones humanas. Yo siempre digo que `vivimos en tiempos de monitores encendidos y miradas apagadas´. Por eso, en el tiempo de descanso suele haber una conexión con aquello que no podemos gestionar durante el resto del año. En vacaciones, es muy probable que la gente esté más dispuesta a hacerle un lugar a la posibilidad de conocer a alguien. Además, en los lugares de veraneo se suele socializar más”.

María Laura Santellán -psicoterapeuta cognitiva, asociada de Clínica de Adultos, Facultad de Psicología de la UAI (MN: 18841)-, coincidió con ambos psicólogos al resaltar que “durante el verano hay más espacio, más tiempo y más oportunidades”, ya que las personas están libres de preocupaciones en todos los sentidos.

¿Amor o enamoramiento?

Los amores de verano son intensos, pasionales y fugaces.

Stamateas aclaró que el enamoramiento es psicobiológico. “Nadie establece `me voy a enamorar pasado mañana´, sino que surge solo. El enamoramiento es la idealización del otro, donde se lo percibe como `hermoso, perfecto y maravilloso´. El enamoramiento es ciego, mientras que el amor ve todo: los defectos, los errores y las virtudes. Por eso no necesariamente del enamoramiento surge el amor”, detalló . Por otro lado, dijo el especialista, “cuando uno está bajo estrés tiene la `visión de túnel´, es decir, sólo ve hacia adelante. Cuando, en cambio, se está relajado, se percibe todo el panorama. Darse tiempo para uno y querer compartir, abre el paso a la creatividad y a lo nuevo”.

En lo que refiere al amor, comentó que “los humanos no amamos a los otros en su totalidad”, sino que hay cosas que nos enamoran, otras que nos desenamoran y otras neutras. “El problema está cuando la balanza se desequilibra y lo que nos desenamora es mayor a lo que nos enamora. Cuando armamos una pareja, lo hacemos en base a las cosas que tenemos en común. Por eso nos suelen gustar las personas parecidas a nosotros, pero también nos atraen las diferencias porque son el complemento. Es decir que en toda pareja hay similitudes y diferencias, lo que llamamos `el cerebro de pareja´ que es `el nosotros´. No obstante, el compartir y el armar un mundo en común, no borra el `yo´ ni el `tu´. Una buena pareja es como el bandoneón, hay que estar juntos y separados de manera dinámica y constante. Por tal motivo, es tan importante el proceso de conocimiento, es decir, darse tiempo para conocer al otro”, concluyó Stamateas.

Sincerarse con uno mismo

Ángel Elgier, doctor en Psicología de la Universidad de Córdoba y docente en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), explicó por qué es tan importante que las personas se sinceren consigo mismas. En ese aspecto, y en coincidencia con sus colegas, reafirmó que el factor estrés es sumamente influyente en las personas al momento de abrirse a nuevas experiencias amorosas, así como también lo son las mayores oportunidades de socialización.

Para él, todo se reduce a “gestionar las expectativas que tenemos de nosotros mismos y de nuestros vínculos y asumir la responsabilidad de nuestras acciones”. En ese sentido, agregó: “Si sabemos que no estamos hechos para una relación casual, es mejor evitarla. Si pensamos que nuestro amante colmará nuestras necesidades relacionales, podemos tener un amor de verano sin consecuencias negativas ni frustraciones”.

Elgier insistió en la importancia de que las personas tengan en claro qué quieren y qué buscan en un amor de verano, justamente para no frustrarse o llevarse de recuerdo una experiencia poco grata. “No es lo mismo tener un encuentro de una sola noche a una relación, estar soltero a estar casado. Antes de uno lanzarse a un amor de verano, hay que tener en cuenta aspectos de la personalidad de uno. Hay gente que es más propensa a tener relaciones duraderas y hay quienes que, por el contrario, están más entrenados en las relaciones efímeras. Entonces, si uno tiene una expectativa alta de generar un vínculo a largo plazo con alguien que sólo quiere vivir el momento, puede llevarse una frustración”, finalizó el especialista.

FUENTE: TN

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