La clave está en que la estructura no rigidiza toda la bandera. La varilla ocupa aproximadamente entre el 45% y el 60% de la parte superior, mientras que el resto queda libre para conservar el movimiento natural cuando aparece el viento.
De un problema cotidiano a un invento
El desarrollo comenzó después de que Galván observara repetidamente el estado de las banderas argentinas que permanecían izadas en distintos lugares.
Los primeros prototipos buscaban sostener prácticamente todo el paño mediante una estructura rígida. El sistema funcionaba para mantenerlo desplegado, pero tenía un inconveniente: la bandera perdía naturalidad y era difícil de doblar.
A partir de distintas pruebas con materiales, el equipo llegó a una solución más flexible. La fibra de carbono permitió lograr una estructura liviana y resistente, capaz de soportar la exposición permanente al viento, la lluvia y el granizo.
Así surgió el dispositivo que actualmente comercializa Aralt. A
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demás de mantener el paño desplegado, el invento apunta a reducir el desgaste y, por lo tanto, la frecuencia con la que deben reemplazarse las banderas.
Según los datos del emprendimiento, una bandera de aproximadamente cinco metros que anteriormente podía necesitar un recambio cada tres o cuatro semanas puede mantenerse en condiciones durante unos 90 a 120 días utilizando el dispositivo.
El mecanismo está pensado incluso para mástiles de gran altura, de 12, 18 o 20 metros, donde el peso y el movimiento de la bandera pueden generar mayores dificultades.
Actualmente, Aralt fabrica y provee sus productos a municipios bonaerenses, escuelas, empresas privadas, clubes de barrio y entidades deportivas. El desarrollo también despertó interés en otras provincias y el emprendimiento analiza la posibilidad de llevarlo al exterior.
Un proyecto nacido fuera de la industria
Detrás del desarrollo no hay una empresa tradicional del rubro ni un equipo proveniente de la ingeniería o el diseño industrial. Galván se define como autodidacta y desarrolló el proyecto junto con familiares, amigos y personas vinculadas al sector textil.
El trabajo comenzó en paralelo con su empleo y requirió numerosas pruebas hasta encontrar un sistema que pudiera combinar resistencia, flexibilidad y una apariencia natural.
Incluso el nombre del emprendimiento está relacionado con la idea que dio origen al proyecto. Aralt combina “AR”, por Argentina, y “alt”, en referencia a lo alto: la imagen de una bandera argentina elevada y desplegada.
Lo que comenzó como la preocupación por ver banderas deterioradas terminó convertido en una solución tecnológica sencilla, pensada para un símbolo que forma parte de la vida cotidiana de los argentinos.