Romina dijo: “Mi hija estaba adelante, bien al lado del chofer, y no hizo nada. Ni siquiera llamar al 911. Nosotros la educamos para que ella sepa pedir ayuda, es increíble que le haya pasado, que haya pedido ayuda y que nadie haya hecho nada”. “La verdad que tenemos una indignación terrible. Yo he ayudado en la calle, he salvado vidas y ahora que le tocó a mi hija nadie la ayudó. Me da impotencia de que yo muchas veces he intervenido en asaltos y todo y ahora que mi hija necesitaba ayuda nadie intervino. Mínimo llamar a la Policía, son tres números”, dijo el padre. La madre continuó: “Lo único que hicieron fue cederle un asiento, estamos todos locos. Mañana puede tocarle a cualquiera, a una hermana, a un hijo, no nos podemos quedar quietos. Nos tocó a nosotros pero está lleno de chicos y chicas que van a la escuela”.Walter recordó que según le contó un compañero del 911, “casos así hay un montón, la otra vez un chofer encerró a un hombre en el colectivo cuando la chica le contó que la había tocado, y llamó al 911 y lo detuvieron. Ese actuó bien, pero este (por el caso de su hija) no hizo nada. Estos tipos andan sueltos”, advirtió, y agregó: “Que venga un tipo así y te arruine porque sí y nadie hace nada, ¿y cómo lo arreglás? ¿Cómo hacemos nosotros con ella ahora?”.Los padres y la adolescente hicieron la denuncia ayer en Fiscalía, y el caso quedó en manos de la fiscal Fernanda Ruffati. Si bien les aconsejaron acompañar a su hija, no pusieron a su disposición a ninguna profesional para que asista y ayude psicológicamente a la chica, ni siquiera en este momento de crisis que atraviesa. Ella hoy no va a ir a la escuela y sus padres están viendo cómo seguirá todo la semana que viene, hasta piensan en comprarle una moto por el pánico que tiene de volver a subirse a un colectivo.“Va a ser difícil que lo pueda superar, al menos ahora hasta que comience un tratamiento, porque lo va a necesitar, porque yo te lo estoy contando acá, pero verla a ella temblar y llorar después de casi cuatro horas, es terrible”, dijo Romina.Por último, Walter concluyó: “Si le robaron el celular le decís ‘te compro otro, es lo material, no te hicieron daño’, pero afectaron su intimidad, su sexualidad, su psicología. Yo sé que peor sería otra cosa, pero no podemos dejar pasar todo esto. El domingo la enterré a mi mamá, y ella (por su esposa, Romina) sale de diálisis ¿vos te pensás que yo tengo ganas de estar acá? ¿De andar con esto de ir y venir? Tengo el auto roto en mi casa, no lo puedo ni arreglar. No tengo ganas. Pero vengo porque tal vez este granito de arena el día de mañana salve a alguna joven de una situación como esta, porque si todos nos quedamos callados, estamos igual que las personas que se quedaron sin hacer nada”.