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Renata, la pionera "birrera": de vender 50 a 200 litros de cerveza por semana

En el Día Internacional de la Mujer, conocemos la historia de Renata, una apasionada de la gastronomía que desafió los roles de género en la industria cervecera. Desde ser la única mujer en las cocinas hasta convertirse en referente del mundo "kraft".

Renata Costa es una mujer de cuarenta y cuatro años con una pasión inquebrantable por la gastronomía. Desde los dieciocho años forjó su camino en la cocina, enfrentando desafíos y prejuicios en un mundo mayormente dominado por hombres. "Recuerdo que cuando comencé era la única mujer dentro de la cocina", relató con determinación.

Sin embargo, su historia no se detiene aquí. Con el paso del tiempo, Renata se encontró sumergida en el mundo cervecero, un ámbito aún más dominado por hombres. "Siempre trabajé con hombres. Siempre, siempre. Pero eso no me detuvo", afirma con convicción.

Hace seis años, Renata regresó a San Juan después de capacitarse años en el Sur del país y decidió dar un paso audaz: montar su propia fábrica de cerveza artesanal. Con una capacidad inicial de apenas 50 litros, comenzó su camino hacia el éxito, enfrentando los desafíos que implica ser madre y emprendedora al mismo tiempo.

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"Es una profesión delicada que requiere tiempo y responsabilidad", explica Renata, mientras habla de su dedicación a la cerveza. "Pero ¿por qué las mujeres como yo encontramos más dificultades para dedicarnos por completo a nuestras pasiones? La respuesta está en las elecciones familiares y la responsabilidad que conlleva", reflexionó.

Hoy, Renata superó todas las expectativas. De vender apenas 50 litros por semana, su producción aumentó a más de 200, gracias a su compromiso. Pero aclara que en las últimas horas le llegó un equipo que le permitirá triplicar la producción ya que incorporó maquinaria que le permitirá llegar a los 600 litros.

Es una satisfacción enorme vivir de lo que amas Es una satisfacción enorme vivir de lo que amas

En abril, Renata iniciará nuevos cursos destinados a mujeres, desafiando aún más los límites y abriendo camino en la industria cervecera sobre todo de la provincia, pero enfatizó en que aún cuesta que las sanjuaninas se incorporen a este mundo y por eso decidió seguir apostando a la capacitación. Además, contó que este año se presentará para rendir como jueza de cervezas y eso le permitirá evaluar cervezas de todo el país.

Su historia es un recordatorio de que el verdadero progreso se logra cuando se desafían los estereotipos y se abren nuevas puertas para todas nosotras.

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Aunque la cerveza es una de las bebidas más antiguas, pocos conocen el papel que las mujeres han desempeñado en su historia.

EL NACIMIENTO DE LA CERVEZA

El origen de la cerveza está directamente ligado a las mujeres, que durante siglos fueron las principales productoras de esta bebida y que todavía mantiene su rastro en culturas alrededor de todo el mundo. De hecho, en la mayoría de las sociedades antiguas las deidades, diosas y protectoras de los cerveceros eran entidades femeninas asociadas con la fertilidad.

SUMERIA Y MESOPOTAMIA: EL ORIGEN DE UNA TRADICIÓN

Hace más de 7.000 años, en Mesopotamia y Sumeria las mujeres eran las únicas que podían elaborar “cerveza”, manteniendo el control absoluto de la producción de una bebida consumida por la totalidad de la población.

Las mujeres sumerias preparaban esta “cerveza” baja en alcohol para utilizarla en las ceremonias religiosas y como parte de la ración diaria de alimentos. En esta sociedad, las cerveceras gozaban de gran respeto y eran consideradas como sacerdotisas de la venerada diosa de la cerveza, Ninkasi. Por su parte, las mujeres de Babilonia fueron las que crearon los primeros suministros de esta bebida de forma comercial, regentando tabernas y panaderías donde se elaboraba cerveza de forma profesional.

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LA CERVEZA Y LAS BRUJAS

La producción de cerveza se extendió por toda Europa, siempre controlada por mujeres, conocidas como alewives o brewsters. Algunas de ellas producían más de lo que sus familias necesitaban y vendían los excedentes, lo que suponía una importante fuente de ingresos para la economía doméstica.

Estas mujeres preparaban cerveza en sus casas en un caldero, donde hervían el mosto y mezclaban los distintos ingredientes. Además, era frecuente que tuviesen gatos porque les ayudaban a ahuyentar a los ratones, los principales destructores de los granos de cereal y propagadores de enfermedades. Cuando una mujer vendía cerveza en su casa, colgaba una escoba en la entrada como símbolo del trabajo doméstico para hacerla fácilmente reconocible para los posibles compradores. En cambio, cuando estas empresarias cerveceras salían al mercado a vender su producto, solían llevar sombreros puntiagudos, que les ayudaban a destacar y distinguirse entre la multitud para atraer clientes. Calderos, sombreros puntiagudos, escobas, gatos… las mujeres cerveceras son las responsables de algunos de los estereotipos más famosos de la brujería que, al relacionar a las alewives con la brujería, permitía a los hombres justificar el control social sobre las mujeres.

Con la aparición de los gremios las mujeres empiezan a perder protagonismo en la elaboración de la cerveza. Aunque el primer gremio se fundó en Londres alrededor del año 1200, su expansión se produjo sobre todo en el siglo XVI, pasando a producirse la cerveza en fábricas gremiales a mayor escala.