El 27,6% de los estudiantes argentinos de 15 años declaró haber realizado algún trabajo remunerado durante las dos semanas anteriores a la evaluación. Entre los jóvenes del cuartil socioeconómico más bajo, la proporción llegó al 33,9%.
La desigualdad también aparece en los aprendizajes. En Matemática, los estudiantes de los hogares de menores recursos obtuvieron un promedio de 342 puntos, frente a los 421 del cuartil de mayores ingresos. Son 79 puntos de diferencia.
A eso se suma el ausentismo. El 27,8% de los estudiantes dijo haber faltado al menos una vez a clases durante las dos semanas previas a PISA. Entre los sectores de menores recursos, la cifra trepó al 33,8%. Quienes habían faltado obtuvieron, en promedio, 31 puntos menos en Matemática, 36 menos en Lectura y 39 menos en Ciencias.
El dato sobre el trabajo adolescente también introduce una tensión de fondo. IERAL advierte que uno de cada cuatro estudiantes de 15 años ya tuvo una experiencia laboral remunerada, en un momento en el que todavía debería estar consolidando competencias básicas. El informe aclara que eso no permite afirmar que trabajar sea la causa del bajo rendimiento, pero sí muestra trayectorias educativas atravesadas por condiciones sociales, económicas y familiares muy diferentes.
En ese escenario nacional, la ministra de Educación, Silvia Fuentes, puso el foco en una particularidad de la participación sanjuanina en PISA 2025.
Según explicó, de las 237 escuelas secundarias y unidades educativas de terminalidad de primaria que participaron del operativo en el país, solamente tres correspondieron a San Juan: dos escuelas secundarias y una UEPA.
En total fueron 70 estudiantes sanjuaninos los que realizaron la evaluación. De ellos, 40 pertenecían a escuelas secundarias y 30 a una unidad educativa de terminalidad de primaria. Para Fuentes, esa cantidad no permite utilizar los resultados como una fotografía del sistema educativo provincial.
“Para San Juan no es representativa”, sostuvo la ministra, y resumió su cuestionamiento en una frase: “Tres escuelas, 70 alumnos de la provincia”.
La discusión no apunta a desconocer el resultado de PISA ni a relativizar el diagnóstico nacional. El planteo de Educación pasa por otra cuestión: hasta dónde es válido trasladar una muestra reducida a la realidad de miles de estudiantes y escuelas.
Fuentes explicó además que PISA se toma cada tres años y que evalúa a estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias, con ejercicios orientados no solamente a recordar contenidos sino a poner en práctica conocimientos, comprender textos y resolver situaciones.
Los alumnos debieron completar tres pruebas durante aproximadamente cuatro horas y hacerlo mediante una computadora. “Muchos chicos no sabían cómo manejar la computadora”, sostuvo la funcionaria, quien vinculó esa dificultad con otro desafío que atraviesa a la educación: la alfabetización digital.
Frente a PISA, Fuentes eligió poner sobre la mesa las pruebas Aprender, una evaluación nacional que, según explicó, permite obtener una fotografía mucho más amplia de la realidad provincial. “Creo que son más representativas porque ahí participan todos los alumnos de la provincia”, afirmó.
Más allá de la discusión metodológica sobre PISA, el diagnóstico nacional deja un problema que difícilmente pueda ser explicado por una única variable.
En Matemática, solamente el 8,4% de los estudiantes argentinos alcanzó el nivel 3 o superior, frente al 15,2% de Chile y el 18,8% de Uruguay. Además, la proporción de jóvenes por debajo del nivel básico pasó del 63,6% en 2009 al 75,8% en 2025.
La repitencia también marca diferencias. El 17,7% de los estudiantes había repetido al menos un grado, pero entre los jóvenes del cuartil socioeconómico más bajo el porcentaje llegó al 28,7%, contra el 6% entre los de mayores recursos.
La discusión educativa excede el resultado de una prueba. Aprendizajes, asistencia, nivel socioeconómico, trabajo adolescente, repitencia y condiciones familiares forman parte de una misma fotografía, aunque ninguno de esos factores por sí solo explique todo el problema.
Consultada sobre qué calificación le pondría actualmente a la educación provincial, respondió: “Me doy un aprobado”. Pero inmediatamente agregó el matiz de la situacion. “Un aprobado justito, para seguir trabajando juntos”.