Desde esta humilde columna le pedimos disculpas a la producción del Gran Hermano Argentina por haber utilizado durante un buen tiempo la marca so pretexto para satirizar el funcionamiento de nuestra política. Fue un grado de miopía supina intentar compararlos, de lo cual nos sentimos arrepentidos. Sencillamente nos quedamos cortos.
En el Gran Hermano los eliminados se van, no hay joda. Por el lado del “arte de lo posible” el disfraz de camaleón está a la orden del día y todo sigue como si nada. La familia argentina esta carente de alegrías y la necesidad de que vuelva pronto la próxima edición del reality se hace imperiosa para ayudar a olvidar los votos en blanco, los que no dan bola a la elección y de la tierra arrasada que nos dejan nuestros prósperos iluminatis. Existe un lado bueno en la política y es que siempre deja tela para cortar.
A pesar que los muchachos no aciertan una para que la gilada se mantenga con fe, con esperanza, siempre para adelante, de la nada te hacen aparecer un conejo de la galera.
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En este rincón el mago Massita y en este otro rincón el mago con dientes Mauricio. Uno está por embocar al Kirchnerismo, el otro acaba de embocarlo al León sin rugir.
En estos últimos días hemos visto aparecer el evento político más rebuscado que podíamos imaginar. Sin antecedentes en estos últimos 40 años y mire que vimos cosas estimado lector. No sabemos si Macri puso todo lo que prometió, pero ha logrado formar una pareja.
Próximamente los argentinos vamos a decidir entre dos opciones diametralmente distintas. Lo bueno es que las cartas están sobre la mesa.
Más allá de las discusiones de alcoba en Juntos uno tiene la sensación que muchos compatriotas van a definir su voto dentro del cuarto oscuro o en la fila antes de entrar. No sabemos nítidamente que murió o que nació en el tablero político, pero está claro que el sistema de alianzas que conocemos de cómo viene funcionando la política en las últimas décadas sin ninguna duda. Claramente apareció en el horizonte una nueva grieta. Por un lado, está esta alianza libertaria-macrista y por otro la peronista-radical.
Veremos cómo se comporta frente a este nuevo experimento una sociedad que estaba reclamando cambios en la política. Está por verse si ésta lo percibe como señalan algunos que está muy definida la alternativa de continuidad o cambio. O si ya resignada la sociedad solo está enfocada a seguir adelante pese a la crisis que le toca transitar sin asombrarse en lo más mínimo por el espectáculo que le brinda una dirigencia política cada vez más alejada de sus preocupaciones y deseos.
Lo que sí se puede afirmar es del impresionante impacto que se tendrá a la hora de gobernar o legislar. En este caso uno percibe que en el caso de las dos alianzas que disputan el balotaje es la libertaria la que más concesiones tiene que hacer para poder llegar a inclinar la cancha. Los errores cometidos en la previa a la elección de octubre revirtieron el clima positivo con el que venía. ¿Podrá Macri conseguir tapar algunos baches internos?
Esta fractura en JxC que motorizó Macri para salvar a su propio espacio de la derrota tiene como objetivo fundar una nueva fuerza política. Habrá que ver que dice el resultado electoral de noviembre con esta nueva aventura con los libertarios y alejado de los radicales.
La discusión sobre el Estado una vez más quedo relegada. El presente de la política acaparó todo el escenario. Nuevamente la polarización conspira contra los consensos necesarios para sostener políticas de largo plazo.
Las predicciones en la Argentina generalmente fallan como el dicho de que la ficción supera la realidad. En la política actual la realidad está por sobre la ficción. Lo que antes de las PASO la lógica podía insinuar una connivencia entre Massa-Milei dos meses después resulto siendo Milei-Macri. ¡Aguante la ficción!