“Muchas personas entrenaban solas y la llegada del Ironman despertó el interés. Que sea acá fue un beneficio”, explicó Zagarra. Para ella, el entusiasmo se refleja tanto en la motivación de quienes se preparan como en el ambiente de compañerismo que caracteriza al triatlón.
De correr o nadar a convertirse en triatletas
Uno de los puntos de inflexión fue el anuncio de la modalidad 5150, una distancia que permitió que más personas se animaran a probar el triatlón. La prueba comprende 1.500 metros de natación, 40 kilómetros de ciclismo y 10 kilómetros de pedestrismo.
La propuesta abrió una puerta para quienes consideraban que participar de un Ironman era un objetivo demasiado lejano. A partir de esa posibilidad, algunos corredores comenzaron a nadar y andar en bicicleta, mientras que quienes ya practicaban natación o ciclismo incorporaron las otras disciplinas.
Avendaño también observó que el entusiasmo llevó a algunos atletas a plantearse metas más ambiciosas. Personas que inicialmente no pensaban afrontar una distancia larga comenzaron a prepararse para cumplir el sueño de convertirse en Ironman.
En su grupo, 12 atletas se preparan para la distancia corta y otros dos afrontarán la prueba completa. En el caso de Zagarra, uno de sus alumnos competirá en la distancia full, después de haber participado en un 70.3.
El Ironman full comprende 3,8 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,2 kilómetros de carrera a pie. Según el nivel y el ritmo de cada participante, completar el recorrido puede demandar entre 10 y 16 horas.
Entrenar entre el trabajo y la familia
Detrás de cada inscripción hay una planificación que debe adaptarse a la vida cotidiana. La mayoría de quienes entrenan con Avendaño tiene entre 30 y 40 años, mientras que en el grupo de Zagarra hay participantes de entre 30 y 60 años.
Son personas que deben organizar sus horarios para combinar el trabajo, la familia y las exigencias de una preparación que integra tres deportes.
Avendaño explicó que, para una distancia corta, muchos de sus atletas distribuyen alrededor de ocho horas semanales de entrenamiento entre las distintas disciplinas, con especial atención a aquella en la que presentan mayores dificultades. También incorporan trabajo de gimnasio y aprovechan los fines de semana para realizar sesiones más extensas de ciclismo, trote o natación en aguas abiertas.
Zagarra, por su parte, destacó que cada persona llega con una base física diferente y que el entrenamiento debe respetar ese punto de partida.
“Respeto mucho a quien se anima. El principiante debe ir de a poco”, sostuvo.
La progresión del volumen y la intensidad, el descanso, la alimentación y la preparación mental forman parte del proceso. No se trata solamente de acumular kilómetros, sino de construir una condición física que permita afrontar la competencia con seguridad y llegar en buenas condiciones.
En las semanas previas, ambos entrenadores reducen las cargas de entrenamiento y trabajan sobre aspectos específicos de la carrera. También revisan el equipamiento, la alimentación y los detalles técnicos que pueden influir en el desempeño.
El agua fría, uno de los desafíos de la carrera
Entre las preocupaciones de los atletas, la natación en aguas abiertas ocupa un lugar central. Las bajas temperaturas pueden generar una reacción inicial de incomodidad, alterar la respiración y aumentar los nervios, especialmente en quienes no tienen experiencia en este tipo de pruebas.
Zagarra contó que sus alumnos realizaron varias prácticas en el dique para familiarizarse con el agua antes de la competencia. Además, recomendó utilizar traje de neopreno y doble gorro, y prestar atención al calentamiento previo.
“El agua fría realmente impresiona, sobre todo al principio, pero se puede manejar”, explicó.
La entrenadora insistió en la importancia de comenzar con tranquilidad y controlar la respiración durante los primeros metros, incluso en el caso de los nadadores experimentados. Conocer previamente las condiciones del agua también ayuda a reducir la incertidumbre.
Avendaño señaló que la preparación incluye conversar sobre posibles dificultades durante la prueba, como el frío, los calambres o la desorientación. El objetivo es que los participantes conozcan los desafíos y sepan cómo actuar ante una situación inesperada, sin dejar de priorizar su seguridad.
Un deporte que suma mujeres y nuevas generaciones
El crecimiento del triatlón también se refleja en la diversidad de quienes se acercan a la disciplina. Zagarra destacó que cada vez más mujeres se incorporan a los entrenamientos y encuentran en esta actividad una oportunidad para asumir nuevos desafíos.
“Esto no tiene edad ni género”, afirmó.
Para ambos entrenadores, el fenómeno excede a sus propios equipos. También observan la incorporación de nuevos atletas a otros grupos de entrenamiento, una señal de que el interés por el triatlón se extiende más allá de quienes competirán en esta edición.
En ese contexto, el Ironman funciona como una motivación para quienes buscan objetivos deportivos diferentes y descubren que pueden avanzar progresivamente hacia ellos.
La cuenta regresiva continúa. Mientras los atletas ajustan sus entrenamientos y se preparan para afrontar la natación, el ciclismo y la carrera a pie, San Juan también vive otra transformación: la de quienes dejaron de mirar el triatlón desde afuera y decidieron convertirse en protagonistas.