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Al presidente Milei se le fue la mano con esto de pegarle al chancho para que chifle. Suficientes chiflados tenemos en nuestro inventario como para pretender cambiar un país que viene atado con alambre en un mes y medio. Es un lujo que no estamos en condiciones de darnos. ¡El Chancho tiene demasiados dueños!

Los intereses sectoriales expusieron a una dirigencia desnortada imposibilitada de alcanzar cierta dosis de sentido común mientras una mitad de la Argentina hace equilibrio para no caerse del mapa. La fragilidad social de la Argentina es apabullante.

Un protagonista excluyente ha sido el titular de la gloriosa CGT en relación a la discusión sobre la Ley Ómnibus que se debate en el Congreso. Ante la posibilidad de encontrar ciertos acuerdos de parte de los bloques políticos “dialoguistas” desató una amenaza a sus protagonistas que no podrán caminar por la calle en caso de permitirlo. Una ternurita Don Héctor.

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Sería bueno que en algún momento libre que tenga el líder de los sindicalistas explique cómo es esta originalidad que viene sucediendo en nuestro país que un trabajador en blanco sea pobre. Es una temática interesante para exponerla en la próxima reunión de la Organización Internacional del Trabajo.

La democracia argentina no recuerda un tiempo tan intenso y deliberativo como el que se está viviendo a partir de la asunción de un presidente que centró su campaña en la promesa de ajuste fiscal y reordenar un Estado que gasta más de lo que tiene como señalan algunos o que gasta mal para otros. La antinomia banal de si “no menos Estado sino más Estado” esconde las consecuencias del verdadero problema, que son los resultados de malas gestiones.

Sin entrar a analizar el contenido de la maraña de reformas propuestas, no podemos desconocer que por primera vez de la restauración democrática se discute en el país una agenda controversial, por cierto, pero que cuestionan décadas de continuidad, doble discurso y profunda decadencia. La propuesta del presidente de cambiar tantas cosas tiene el riesgo de que consiga ganar mucho o poco. ¿O ya ganó por el solo hecho de instalar su estado deliberativo?

El apoyo de una parte de la sociedad a las medidas del gobierno es uno de los puntos que preocupan al FMI en contracara con las movilizaciones sindicales y sociales, los amparos presentados al DNU y las denuncias de inconstitucionalidad, que vienen siendo registradas por el organismo. Hay un dato que llamó mucho la atención de parte del FMI que sobrepasa el pedido de bajar la emisión para financiar el tesoro, que se reduzca el déficit fiscal y la necesidad de acumular reservas y fue que las políticas que defina el Ejecutivo tengan en cuenta a los sectores más vulnerables.

En este marco el gobierno convocará prontamente al Consejo del Salario, volverá a ajustar asignaciones AUH, tarjeta Alimentar y extras para Jubilados. Los gobernadores están a un paso de la revisión por las retenciones, la vuelta atrás de las exenciones por ganancias y el fondo de garantías de sustentabilidad.

Se ha producido por estos días un profundo cambio de la atmosfera social mucho más que los superficiales discursos producidos en el Congreso. Tanta metida de pata de la política ha generado en una porción creciente de compatriotas la decisión de no dejarse seducir más por la sarasa. Da la impresión de que la sociedad confía menos. Pero cuidado, que la crisis no deja de golpear.

En medio de las urgencias de unos y otros han quedado pendientes imprescindibles debates sobre los factores y las circunstancias que nos llevaron al preocupante escenario que presenta nuestro país. El presidente Milei decidió encarar esta situación impulsando medidas de fuerte ajuste. Y el acento ha sido puesto en el gasto o el desfinanciamiento de organismos del Estado. Es un secreto a voces que muchos de ellos destinan más recursos para el pago de salarios que para los fines específicos que tiene en su naturaleza misma. Hubiera sido saludable profundizar el diálogo para permitir un replanteo sobre el funcionamiento y el futuro de muchos de ellos.

La mitad de la economía argentina es subterránea. La evasión se estima que llega al 50%. Y la que permanece en blanco esta enredada en un enjambre de impuestos que han llevado a nuestro país a ser uno de los más gravosos y evasores del mundo. No permitiendo recaudar al año la friolera de 20.000 millones de dólares. ¡No caben dudas de que hay que ordenar al Estado!

Más allá de las modificaciones, el rumbo no es negociable sostiene el gobierno nacional. Está claro que hay una bandera que el gobierno no está dispuesta a entregar y es lograr el equilibrio fiscal. Aquí radicará su fuerza, la apuesta por el fracaso no es una jugada inocente de sus adversarios.

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