"

Los pesares existenciales de un significativo número de compatriotas son más relevantes que el uso político que se quiera dar sobre una tragedia social que, desde hace bastante tiempo, azota a nuestro país. La decadencia argentina tiene nombres y apellidos con complicidades de todo el arco político. Algunos con más responsabilidades que otros por supuesto.

El ganar la calle fue un antídoto que profundizó un caso inédito como hecho político que hoy nos enfrenta a un escenario imposible de seguir sosteniéndolo. El tablero se ha modificado y muy rápidamente en un proceso que se inició silenciosamente hace dos años y hoy nos está marcando que entramos en otra época. Más allá de los gustos personales que se tenga a la hora de justificar la situación actual, nos encontramos tocando de oído muchos temas que ni siquiera podemos imaginar cómo seguirán transcurriendo. El nudo central es la tragedia económica social por la que está atravesando nuestro país. Y hay que hacerse cargo.

Te puede interesar...

Lo de la marcha del 20D del por qué el Polo Obrero quedó como foco central mientras el Movimiento Evita y otras organizaciones estuvieron ausentes, al margen de lo anecdótico, refleja como este cambio de época se introdujo en el presente de los movimientos sociales. El gobierno nacional logró separar a las organizaciones sociales de los planeros.

Nuestra provincia no estuvo ajena a este contexto, más allá de la representación que tuvieron los sectores de izquierda, quedaron flotando reclamos reiterados a cuestiones centrales de supervivencia como son la asistencia a los comedores comunitarios, bolsas de alimentos y el acceso a la vivienda financiada desde el estado. ¿Alguna vez conoceremos los datos de cuál es la cantidad de comprovincianos en situación vulnerable que necesitan de la ayuda de estas políticas sociales?

La sociedad argentina ha vuelto a entrar a un ciclo de crecimiento de la pobreza, la marginación y la desigualdad social que solo un proceso virtuoso de la política sobre la economía podría comenzar a revertir. Este es un déficit de larga data que no solo tiene que ver con el proceso inflacionario, sino también de las economías de subsistencia, la informalidad y la pobreza crónica.

Encarar estos problemas sin un plan de estabilización de la economía es una falacia. Esto requiere de nuevas reglas de juego para lograr ordenamiento económico y redistributivas a partir de lograr un acuerdo político-social apoyado en la confianza. ¡La clase política tiene la palabra!

El principal desafío continúa siendo poner en marcha un modelo de crecimiento sectorial, regional y social con aumentos de la productividad general, sino será imposible alcanzar una mayor equidad distributiva. Esto implica poner en marcha un régimen económico que integre la expansión del mercado externo como el crecimiento del mercado interno, para que pueda generar más y mejores empleos, inversión privada, crecimiento e innovación productiva.

Así lo han hecho otros países para salir del estancamiento y el atraso. No hay populismos que valga sean estos de derecha o de izquierda en esto. Estamos ante una oportunidad como país de sobreproducir alimentos, minerales y energía, recursos que el mundo está demandando cada vez más. Que a su vez requerirá del desarrollo de nuevos servicios, industrias e innovaciones fundadas en el conocimiento. ¡Teléfono para la educación!

Ahora bien, estas ventajas no vienen caídas del cielo. El accionar de la política tiene que dar una vuelta de tuerca y sus dirigentes asumir con valentía la tarea de reunir y lograr acuerdos políticos y económicos estratégicos para salir de la trampa de la pobreza y la decadencia con mayor equidad social. No hay otra. La política del engrampe y la venta de caramelos de madera nos ha traído hasta acá.

El cambio es tan necesario como posible. La buena noticia es que estamos transitando un fin de ciclo irreversible, que exige un mayor equilibrio, madurez y compromiso solidario porque el deterioro social acumulado no se revertirá de manera inmediata. Esto también hay que decirlo con honestidad. Nadie está libre de pecado con esta decadencia.