Lejos de ser solo un producto comercial, la elaboración de cada tanda representa un proceso personal profundo. Al ser consultada sobre el mensaje que transmiten sus sabores, la panificadora fue categórica: "Yo creo que cuento paz, armonía y serenidad". "El hacer cosas con las manos dicen que relaja y quita el estrés. Yo hago los bollitos y mi imaginación se va. Me calma", detalló.
Para la protagonista, la continuidad de este legado familiar define su realidad actual: "Ha significado la supervivencia de nuestra familia por varias generaciones". En la actualidad, la estructura de trabajo sumó a sus hermanas para responder a la demanda de semitas cocidas y precocidas, una alternativa utilizada por los clientes para almacenar en el freezer.
Inversión y equipamiento
A pesar del volumen de ventas, el crecimiento del negocio se encuentra condicionado por la falta de infraestructura industrial, ya que el amasado se ejecuta por completo a puño. "Como tengo que amasar a puño, me lleva mucho más tiempo y físicamente me desgasta. Con una amasadora creo que estaría mucho más liviana", explicó Laura.
Para optimizar la producción y cumplir el objetivo de instalar un salón de venta oficial en el frente de su casa, la panificadora requiere incorporar una amasadora mecánica, un freezer de stock y un horno de mayor capacidad.
El puesto de venta al público se encuentra operativo todas las tardes a partir de las 17:00 horas en calle Segovia, entre Sarmiento y Laprida, a metros de la sala velatoria de Angaco.