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No le busquemos más pelos al huevo suficiente castigo va a recibir Alberto que no podrá salir a comprar fasos o a estirar las piernas por la plaza del barrio. La crisis que nos viene empobreciendo sumada a la ausencia de poder en momentos que las papas queman por parte de la fórmula presidencial serán momentos difíciles de olvidar.

De aquel dólar a $60 que el Capitán (RE) Beto le parecía que estaba bueno al actual dólar blue que está por encima de los $1000, más una amenazante inflación anual que podría llegar al 180% y un 40% de pobreza, son el broche final de esta aventura electoral plagada de incertidumbres y golpes bajos. Gane quien gane se avecinan tiempos calientes.

El día a día de los argentinos se mide en el aquí y ahora. El establecer un destino en el 10 de diciembre suena a una quimera que los candidatos han venido declamando sin reparar en los daños económicos que se han profundizado estas últimas semanas. Hacer campaña en medio de una estampida inflacionaria, sin medir consecuencias de ciertos dichos y actos, muestra de alguna manera lo alejados que están hasta de sus propios votantes.

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El sistema político argentino como viene funcionando no da para más. La mirada puesta en la campaña electoral solo está centrada en lo que ocurra este próximo domingo o eventualmente en un balotaje. La desesperación por conseguir votos como sea es lo que ha prevalecido. La verdad de la milanesa se sabrá a partir del día 23 con resultado en mano.

Lo sucedido la última semana en términos económicos y las disputas políticas son una muestra de lo que puede ocurrir a partir de ese día, tanto en un escenario de triunfo en primera vuelta de Milei o de un eventual segundo tiempo con Massa o Bullrich.

Tanto en los distintos espacios políticos como en el sector económico no descartan a posteriori que se produzca un cierto caos. Acecha el síndrome del pato rengo o un gobierno sin poder, en el tránsito hacia diciembre. La semana pasada se llegó a percibir lo que podría pasar en un futuro cercano con un descalabro en ciernes. Solo un Massa ciertamente fortalecido traería paños fríos a una transición con riesgos. Los más políticos están viendo un escenario con alteraciones.

Los candidatos con mayores chances se han resistido a insinuar la mínima expresión de lo que se tendrá que enfrentar a partir del 10 de diciembre con un campo económico minado donde habrá que tomar medidas que deberán generar credibilidad y apoyo político para evitar fogonazos desde el comienzo de año.

Un antecedente para tener en cuenta. Cuando asumió Menem su primer mandato con un escenario económico bastante complejo consumió sus primeros dos años de gobierno poder encontrarle la vuelta.

Es cierto que la fragilidad política que hoy padece la Argentina no tiene parangón. La construcción de institucionalidad se hace dificultosa porque el sistema de representación se encuentra deteriorado. El problema es más político que económico en la Argentina. De ahí la escena de inestabilidad y desorden que se vieron la semana pasada con una realidad al borde del abismo.

Mientras tanto con veda electoral en puerta vemos a un oficialismo que da por hecho la entrada de Massa al balotaje. Nada está dicho, pero el candidato sabe en su interior que lo que se vio por estos días no es nada por lo que resta transcurrir de octubre y noviembre. Ni hablar con un resultado adverso.

Y para sacarle un poco de dramatismo a la realidad que nos circunda me llevo en mis oídos la más maravillosa música que fueron las palabras de Axel el pasado domingo: “Feliz día de la Madre y especialmente a las que tienen hijos”.