Amenazas en aulas: lo que la escritura deja al descubierto
Las amenazas de tiroteos en escuelas encendieron la alarma. Un grafólogo analizó las pintadas y detectó señales emocionales que podrían anticipar conflictos en los autores.
Las amenazas de supuestos tiroteos en escuelas de la provincia, impulsadas por un reto viral en redes sociales, generaron preocupación en la comunidad educativa y activaron protocolos en al menos 27 establecimientos. En ese contexto, la mirada técnica aporta una dimensión distinta: qué hay detrás de esas escrituras.
El perito calígrafo y grafólogo David César Peña analizó algunas de las pintadas y sostuvo que, más allá del impacto inmediato, es posible identificar aspectos emocionales de quienes las realizan. “A través de la escritura se pueden observar los estados emocionales del joven para ayudarlo, para guiarlo y prevenir situaciones”, explicó.
Según su lectura, en algunos casos aparecen indicadores preocupantes. “Estaba viendo uno de los escritos y tiene un tanto de depresión, otro tiene rasgos de autoagresión”, señaló. En esa línea, planteó que el foco no debería estar únicamente en la sanción, sino en la detección temprana de situaciones personales complejas.
El especialista vinculó estas conductas con contextos más amplios, como el aislamiento o el bullying. “Hay chicos que no hablan, que se guardan todo. Personalidades introvertidas que, guiadas por redes o retos, pueden explotar y actuar fuera de sus cabales”, advirtió. Para Peña, las pintadas pueden funcionar como un llamado de atención más que como una amenaza concreta.
Desde lo técnico, diferenció dos herramientas clave. Por un lado, la pericia caligráfica, que permite determinar la autoría de un escrito. “La génesis escritural es inalterable, un especialista puede establecer quién escribió una amenaza”, explicó. Y por otro, la grafología, que apunta a interpretar emociones, carácter y conflictos internos.
En ese marco, propuso una medida concreta para el ámbito escolar: la creación de un banco de escrituras. El sistema consistiría en tomar muestras de escritura de los alumnos —mediante dictados en aula— y resguardarlas. “Con ese archivo, en pocas horas se puede cotejar y detectar quién hizo una pintada”, indicó.
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Sin embargo, insistió en que el objetivo no debe ser punitivo. “No se trata de exponer ni juzgar, sino de ayudar, llamar a la familia, entender qué le pasa a ese chico”, sostuvo. Incluso consideró que informar a los estudiantes sobre la posibilidad de ser identificados podría actuar como disuasivo.
El análisis se suma a un escenario sensible, donde las instituciones educativas reforzaron medidas preventivas y presencia policial tras la circulación de mensajes como “mañana tiroteo, no vengan”. Mientras se descarta, en principio, la existencia de amenazas concretas, el fenómeno deja al descubierto tensiones más profundas.
En ese punto, la mirada pericial aporta un enfoque complementario: entender que detrás de cada trazo puede haber algo más que una consigna viral, y que la prevención también pasa por leer a tiempo lo que los chicos no dicen en voz alta.