Este lunes 15 de enero se cumplen 80 años del terremoto de 1944 de San Juan, considerado la peor catástrofe natural de la Argentina. Con epicentro a 20 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, cerca de La Laja, en Albardón, el movimiento telúrico alcanzó 7,4 grados de magnitud en Escala Richter y se cobró la vida de más de 10.000 personas (sobre una población de 80.000 habitantes. El 80% de las construcciones quedaron colapsadas y llevó muchos años volver a levantar la ciudad. Especialistas dieron su punto de vista a sanjuan8.com sobre lo que aprendimos como sociedad luego de esta catástrofe natural, que marcó un antes y un después en la historia no solo de la provincia sino del país.
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El director del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), Rodolfo García, expresó que el sismo de 1944 “fue el punto de inflexión en la historia sísmica, no sólo en San Juan sino en la Argentina”.
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García fue contundente: “Aprendimos muchas cosas, pero en particular una, que creo es la más importante, y es que depende de nosotros, del ser humano, que no se repita una situación de catástrofe como la vivida en ese momento. La sociedad pagó muy caro las consecuencias, pero aprendió mucho. Hay verdadera conciencia de un trabajo continuo en prevención sísmica, de que cuando ocurra un terremoto, no terminemos padeciendo una catástrofe. No podemos evitar un terremoto porque no depende de la voluntad de las personas, pero sí depende de nosotros si hacemos las cosas bien, si construimos las ciudades seguras. Depende de nosotros, cuando este terremoto nos encuentre nuevamente, que no termine en una catástrofe. La responsabilidad no está en evitar lo que no podemos, pero sí que cuando ocurra, no terminemos en una catástrofe como en el ´44. Hay un camino largo aún por recorrer en el aprendizaje, pero debemos estar lo suficientemente preparados para que el próximo terremoto nos encuentre sólidos”.
García nombró un hecho fáctico que demuestra que la sociedad aprendió de esta catástrofe. “El 23 de noviembre de 1977, 33 años después, ocurrió otro terremoto (de 7,5 grados en Caucete) que encuentra a la ciudad ya reconstruida y no se produce ningún colapso ni derrumbe. Es de características similares y se registraron 63 víctimas fatales en zonas alejadas. Es un hecho fáctico que un terremoto de características similares vuelve a golpear a San Juan y no se produce la catástrofe de 1944. Es indiscutible que entre 1944 y 1977 se progresó muchísimo”.
El director contó que el terremoto del ´44 sembró una semilla para estudiar estos fenómenos naturales y el dictado de normas. “La aplicación efectiva de reglamentos es lo mejor para evitar catástrofes frente a estos embates”, finalizó.
Por otro lado, la geóloga Irene Pérez, del Departamento de Investigaciones Sismológicas del INPRES, habló con sanjuan8.com y dio su punto de vista. “Aprendimos que debemos construir siguiendo códigos y normas constructivas adecuadas al nivel de exposición o amenaza sísmica. Además, debemos tener conductas de prevención sísmica, las cuales debemos aplicar y tener siempre presentes en nuestros comportamientos”.
La profesional expresó que “no debemos olvidar lo que sucedió en el ´44 y más allá de que muchos de nosotros no lo vivimos personalmente, nos debe servir de base para formar conciencia sísmica y esa conciencia la debemos mantener y acrecentar. Las personas, individualmente y colectivamente, las autoridades y quienes toman las decisiones, debemos tener incorporadas las conductas y parámetros que hacen a la prevención sísmica. Así es y será la manera de estar preparados para afrontar un sismo”, culminó la geóloga Irene Pérez.
Desde el punto de vista del análisis del comportamiento de la sociedad sanjuanina, el sociólogo Roberto Dacuña destacó que “hemos tenido políticas en el sistema educativo y en organismos del Estado, también dentro de empresas, tanto del ámbito público como privado, y se advierte que ha habido instancias formales de concientización respecto a nuestra situación sísmica, pero no está establecido en nuestras prácticas. Cuando vamos a la escuela o a una oficina de la administración pública, advertimos una cantidad de situaciones que no consideran la posibilidad de un sismo y que la infraestructura no siempre está en condiciones. No hay conciencia porque no ocurren de manera cotidiana ni regular y esta irregularidad hace que no tomemos conciencia, no la tenemos los sanjuaninos”.
El profesional agregó que “en San Juan necesitamos tener una política que hiciera de esto una concientización total. Hay escuelas que no cumplen con condiciones mínimas y necesarias, la revisión de la infraestructura y la actualización de las indicaciones se realiza esporádicamente y dependiendo de cada gestión, pero no están sistematizadas. Convivimos con este riesgo y tenemos que ser conscientes porque cuando llega, las consecuencias son terribles”.
En este marco, Dacuña sugirió: “Sería bueno que, en nuestras currículas, cuando trabajemos en la historia de San Juan, matemática, geografía o cualquier otra asignatura, incorporemos la temática de los terremotos en clave histórica pero también como fenómeno social. Esto es con sus consecuencias y cómo la sociedad se estructura a partir de estos riesgos, lo que implicaría una posibilidad de empezar a tomar otro nivel de conciencia respecto al riesgo y a cómo la sociedad se ha construido con este fenómeno”, concluyó.
(Fotos: Archivo de la provincia de San Juan)
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