Una vez terminado el trabajo, el hombre se encargó de hacer dormir a la hija menor de la pareja, de 4 años. En tanto, la víctima se sentó al borde de la cama y, vencida por el cansancio, se recostó con el celular en el pecho.
Cuando la mujer abrió los ojos tras quedarse dormida, advirtió el ataque: el imputado se abalanzó sobre ella y le introdujo un cuchillo tipo Tramontina en el oído, mientras la insultaba.
Ante la agresión, la víctima intentó defenderse apartando el arma blanca con las manos. Sin embargo, el atacante recrudeció su violencia al tomar un segundo cuchillo de mayores dimensiones —tipo carnicero— para continuar intimidándola.
En un desesperado intento por alejarse de la cama y proteger a su hija menor, que presenciaba toda la escena, la mujer logró arrojarse al suelo boca abajo. Aun en el piso, el agresor la golpeó con puños y patadas en distintas partes del cuerpo, provocándole un intenso dolor mientras ella suplicaba auxilio.
La menor de 4 años, testigo directa del horror, comenzó a llorar desconsolada y le rogaba a su padre que dejara de golpear a su madre. Fue ese momento de tensión extrema el que obligó al imputado a interrumpir temporalmente los golpes para llevar a la niña al baño, dejando la cortina abierta para mantener vigilada a la víctima, a la que amenazó con matarla si se atrevía a gritar o moverse.
Acorralada y buscando ganar tiempo para salvar su vida, la mujer le pidió al agresor que le acercara un poco de agua. En el instante en que el hombre se dio vuelta, la víctima aprovechó la distracción para correr hacia la calle.
Gritando desesperadamente por ayuda, logró alertar a los vecinos del lugar, quienes de inmediato solicitaron la intervención de la policía y le brindaron los primeros auxilios.