Al mismo tiempo, un adolescente de 17 años, hijastro del dueño de la carretela, regresaba de la escuela y se encontró con la escena. Sin dudarlo, comenzó a gritarle al sospechoso para que dejara el objeto, pero este optó por escapar en dirección a un descampado ubicado al este del barrio.
Lejos de detenerse, el menor decidió seguirlo a pie. La persecución se extendió por el terreno baldío hasta las inmediaciones del barrio Conjunto 8. En medio de la fuga, el acusado arrojó el sillete con el objetivo de moverse con mayor rapidez, aunque no logró evitar ser alcanzado.
Mientras la persecución avanzaba, efectivos del Comando Sur ya habían sido alertados a través de un llamado al 911. Al llegar al lugar, concretaron la aprehensión del sospechoso, que fue identificado en ese momento.
Tras la detención, se activó el procedimiento especial de flagrancia con intervención del sistema acusatorio. El caso avanzó rápidamente y derivó en un juicio abreviado, en el que el imputado fue condenado a dos meses de prisión efectiva, quedando además bajo prisión preventiva.
La causa fue encuadrada como hurto simple en grado de tentativa. A pesar de la evidencia reunida y la secuencia registrada, el acusado se negó a firmar el acta del procedimiento y sostuvo que no había cometido el delito.