Un día después, el 21 de febrero, el operador de confianza abandonó el inmueble. Esto dio luz verde a los mandos federales para iniciar la fase de planeación e intervención. Ese mismo día, personal de élite de las Fuerzas Especiales del Ejército y de la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional se movilizó al área con estricto sigilo, priorizando asegurar el factor sorpresa.
El Día D: el cerco, la huida en el bosque y el desenlace
Una vez que la inteligencia corroboró la presencia física del objetivo principal en el inmueble, la fuerza terrestre inició el despliegue para establecer el cerco de seguridad y efectuar la detención. La cronología de del domngo fue la siguiente:
- El primer choque armado: Al detectar el cerco, el personal de seguridad de "El Mencho" abrió fuego inmediato contra los efectivos militares. Las fuerzas federales repelieron la agresión con superioridad táctica, dejando un saldo de 8 presuntos delincuentes abatidos en ese primer frente.
- La huida hacia la maleza: Aprovechando el caos del enfrentamiento, Oseguera Cervantes logró escapar hacia una zona boscosa colindante, escoltado por su círculo de seguridad más cercano.
- La persecución: Las Fuerzas Especiales no detuvieron la operación. Establecieron un nuevo perímetro de seguridad e iniciaron la persecución táctica internándose en el bosque, hasta lograr detectar al capo escondido en la maleza.
- El ataque final: Tras un nuevo y violento intercambio de disparos en el área boscosa, "El Mencho" y dos de sus escoltas personales resultaron gravemente heridos. Durante este último enfrentamiento, un elemento militar también resultó lesionado.
- La evacuación y fallecimiento: Con la situación controlada, el equipo de Sanidad militar ingresó a la zona cero. Tras una evaluación rápida, determinaron que era imperativo evacuar al líder criminal y a sus guardaespaldas. Sin embargo, la gravedad de las heridas cobró factura y los tres hombres fallecieron en el aire, a bordo del helicóptero militar.
La aeronave tuvo que aterrizar en Michoacán, donde los cuerpos fueron posteriormente trasladados a un avión caza que completó el viaje con destino a la Ciudad de México, marcando el final de una de las persecuciones más largas y costosas en la historia de la seguridad binacional.