"El debate reforzó la necesidad de una mayor transparencia y una gobernanza adecuada", señalaron las federaciones miembro al fundamentar su rechazo.
La postura adoptada representa un duro golpe para las aspiraciones de Infantino. Horas antes, las 55 asociaciones que integran la UEFA también habían manifestado su oposición al proyecto. De esta manera, ya son 96 federaciones nacionales las que se muestran en contra de la iniciativa.
Según las normas vigentes de la FIFA, el plan requiere el respaldo de una mayoría simple de las 211 federaciones miembro, es decir, al menos 106 votos favorables, además del aval del Consejo de la FIFA. Con el rechazo de dos de las principales confederaciones del planeta, el proyecto aparece hoy mucho más lejos de alcanzar la aprobación necesaria.
Uno de los principales cuestionamientos planteados por la Concacaf apunta a la necesidad de buscar financiamiento privado luego de que la Copa del Mundo 2026 se convirtiera en la más rentable de la historia del torneo.
Las federaciones consideran que la FIFA cuenta con importantes reservas económicas y que esos recursos podrían ser utilizados para fortalecer los programas de desarrollo del fútbol sin necesidad de ceder participación sobre el principal activo comercial del organismo.
"El futuro del fútbol y su mayor activo deben permanecer en manos de nuestra familia futbolística", concluyó el comunicado difundido por la confederación.
La Concacaf también instruyó a sus representantes en el Consejo de la FIFA para que dialoguen con las autoridades del organismo y analicen alternativas que permitan ampliar los fondos destinados al programa FIFA Forward utilizando los recursos ya disponibles.
La posición del organismo tiene un peso específico importante dentro del fútbol mundial. La confederación es presidida por el canadiense Victor Montagliani, integrante del Consejo de la FIFA, y reúne a las federaciones de Estados Unidos, México y Canadá, precisamente los tres países que organizaron la última Copa del Mundo, además de otras asociaciones históricas de la región como Costa Rica, Honduras, Panamá, El Salvador y Haití.
El proyecto impulsado por Infantino busca crear una nueva estructura empresarial denominada FIFA Forward Enterprise para captar inversiones privadas vinculadas a las competencias organizadas por la FIFA. Sin embargo, el creciente rechazo de las federaciones ha abierto una de las mayores disputas políticas y económicas dentro del fútbol internacional de los últimos años.
Con la oposición de la UEFA y la Concacaf ya formalizada, el presidente de la FIFA enfrenta ahora un escenario mucho más complejo para intentar sacar adelante una iniciativa que amenaza con dividir al fútbol mundial.