La obligación era clara desde antes del arranque: Boca necesitaba ganar para clasificar a octavos sin depender de nadie. Sin embargo, el equipo nunca logró transformar la posesión en peligro real. Dominó la pelota desde el inicio, pero cerró el primer tiempo sin remates claros al arco de Vicente Bernedo.
El Xeneize manejaba el trámite, aunque lejos de mostrar profundidad. Zeballos y Aranda intentaban darle algo de movilidad al ataque, pero Universidad Católica esperaba ordenado y apostaba a una contra que finalmente apareció.
A los 34 minutos, los chilenos encontraron mal parada a la defensa local y Clemente Montes sacó un derechazo que se desvió en Pellegrino antes de meterse en el arco de Brey. El silencio inicial rápidamente se transformó en tensión y murmullo en las tribunas de La Bombonera.
El golpe desacomodó a Boca. El apuro y las imprecisiones empezaron a multiplicarse mientras desde Belo Horizonte llegaban malas noticias por el triunfo parcial de Cruzeiro, resultado que complicaba todavía más el panorama.
En el entretiempo, Úbeda intentó modificar el rumbo con el ingreso de Alan Velasco por Ander Herrera para darle mayor agresividad ofensiva al equipo. Boca salió a jugar el complemento empujando con intensidad, aunque siguió chocando contra su falta de claridad.
La primera aproximación seria llegó con una chilena de Milton Giménez que pasó apenas por encima del travesaño. Más tarde, el local tuvo la situación más clara de la noche: Romero bajó una pelota de cabeza dentro del área y Velasco definió, pero Valencia salvó el empate sobre la línea a los 72 minutos.
Con el reloj avanzando y la desesperación creciendo, Boca empujó como pudo. Paredes, visiblemente disminuido físicamente y tocándose el posterior izquierdo, siguió en cancha intentando conducir a un equipo desordenado y nervioso.
A los 84 minutos, Romero volvió a avisar de cabeza y Bernedo respondió con seguridad. Dos minutos después llegó el desahogo que duró apenas segundos: Ángel Romero marcaba el empate, pero el VAR anuló el gol por un milimétrico fuera de juego.
Ese fallo terminó de desatar la furia de los hinchas, que hicieron bajar el clásico “Movete, Xeneize, movete…” desde las tribunas mientras Boca iba perdiendo la clasificación y el equipo mostraba síntomas de confusión total.
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En los minutos finales, Bernedo volvió a sostener la victoria chilena con una atajada sobre la línea tras un tiro libre de Paredes y una serie de rebotes dentro del área. Boca fue puro empuje, pero casi nunca fútbol.
La derrota profundiza un semestre lleno de frustraciones para el club de la Ribera. Después de la eliminación en el Apertura frente a Huracán y una Copa Libertadores irregular, el golpe continental vuelve a encender cuestionamientos futbolísticos e institucionales.
La Bombonera, escenario histórico de grandes noches coperas, terminó otra vez envuelta en bronca y desilusión. Boca quedó tercero en su grupo, afuera de la Libertadores y obligado ahora a disputar el repechaje de la Sudamericana.