Un esfuerzo desigual según el país
El informe también expone una fuerte brecha en el esfuerzo económico según el origen de los hinchas. Mientras que un austríaco necesita menos de tres salarios promedio para afrontar el viaje, un argentino debe destinar cerca de diez sueldos netos.
La diferencia es aún más marcada en otros países: en Argelia, por ejemplo, el costo equivale a más de dos años de ingresos completos. El dato refleja una tendencia clara: el acceso a los grandes eventos deportivos se vuelve cada vez más restrictivo.
“El impacto varía según el nivel de ingresos. Para algunos es un gasto alto pero posible; para otros, implica años de ahorro”, explicó Damián Di Pace, director de Focus Market.
Entradas cada vez más caras
El análisis histórico marca otro punto clave: el precio de las entradas se disparó un 1.258% desde el Mundial de Estados Unidos 1994 hasta la edición 2026.
En aquel entonces, el valor promedio rondaba los US$250. Hoy, se proyecta en torno a los US$3.395, con reventas que podrían duplicar o incluso triplicar ese monto. Para la final, los tickets podrían alcanzar los US$11.000.
A esto se suma un sistema de precios dinámicos que ajusta los valores según la demanda, elevando aún más las barreras de acceso.
El informe también analiza el valor de mercado de los jugadores, otro indicador del crecimiento económico del fútbol. En 1994, figuras como Roberto Baggio estaban valuadas entre 18 y 28 millones de dólares. Para 2026, nombres como Lamine Yamal, Kylian Mbappé o Erling Haaland podrían superar los US$230 millones.
En ese recorrido, Lionel Messi marcó un punto alto: alcanzó un valor de mercado cercano a los US$212 millones en 2018.
Una tendencia que cambia el perfil del hincha
El Mundial 2026 se perfila como el más caro de la historia. Y ese dato no es menor: marca un cambio estructural en el fútbol global. De a poco, el evento deja de ser un espectáculo masivo y accesible para transformarse en un producto de alto costo.
La pasión sigue intacta. Pero cada vez más, verla de cerca depende de algo más que las ganas. Depende, sobre todo, de cuánto se pueda pagar.