Trump también acusó a los medios de comunicación de respaldar el show de forma acrítica. “Este ‘espectáculo’ es una auténtica bofetada para nuestro país (…) y, sin embargo, recibirá excelentes críticas por parte de los medios que difunden noticias falsas, porque no tienen ni idea de lo que ocurre en el mundo real”, añadió en su publicación.
La actuación de Bad Bunny llegó solo una semana después de que el artista ganara el Grammy al mejor álbum del año. Durante el espectáculo, compartió escenario con figuras como Lady Gaga y Ricky Martin. Vestido completamente de blanco, el cantante portó un balón ovalado con el mensaje: “Juntos, somos América”, en una clara reivindicación de la diversidad y la inclusión.
El cierre del concierto estuvo marcado por una potente imagen simbólica, con banderas de todo el continente americano desplegadas en el escenario y un mensaje proyectado en la pantalla gigante del estadio de Santa Clara: “Sólo el amor es más fuerte que el odio”.
Más allá de la Super Bowl, Trump también aprovechó la jornada para cargar contra el esquiador olímpico estadounidense Hunter Hess, a quien calificó de “auténtico perdedor” después de que el deportista confesara sentir “emociones encontradas” al representar a su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milan-Cortina.
Hess había asegurado que competir bajo la bandera estadounidense le resultaba “un poco difícil” en el actual clima político, afirmando que su motivación era representar a sus amigos, su familia y “las cosas buenas de Estados Unidos”. Estas declaraciones provocaron una reacción inmediata del presidente, que escribió que era “muy difícil animar a alguien así” y remató su mensaje con su habitual lema: “MAKE AMERICA GREAT AGAIN!”.