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Almas en medio de la nada

El director de la película "La salada" cuenta cómo retrató la realidad de los inmigrantes en la popular feria.

Juan Martín Hsu filmó "La Salada" como una manera de exorcisar sus demonios. Quería sacar para afuera vivencias personales y prestadas sobre la realidad de los inmigrantes que vienen a buscar trabajo a la Argentina. El realizador argentino, de madre taiwanesa y padre chino, quiso hacer foco en "un espacio de grises en medio de la nada", en referencia a esas almas sensibles que vivían en los bordes. La Salada es una metáfora y es una realidad a la vez. Y en ese límite difuso, en el que Hsu es parte y no es juez, la película asoma con cierta frescura, como si fuese una flor de loto en medio del Riachuelo.

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El filme viene de participar en importantes festivales internacionales, como el del Nuevo Cine Latinoamericano La Habana (Cuba), donde obtuvo el premio Primera Copia; el de San Sebastián (España), que le reportó el premio Cine en Construcción; intervino en la selección oficial de Toronto y ganó el premio del Sindicato Francés de Críticos Cinematográficos en el festival de cine de Biarritz (Francia), además de adjudicarse la mención Signis en el Bafici 2014.

"Cuando empecé a pensar la película había un tema que era la inmigración, básicamente porque soy hijo de inmigrantes. Mi mamá es taiwanesa, mi padre chino y quería tratar de contar algo a partir de las experiencias personales, familiares y de amigos coreanos y bolivianos, que conocí en la adolescencia", dijo el director, cuyos rasgos orientales ponen en evidencia sus orígenes.

"Al mismo tiempo —prosiguió— había un espacio, que era la feria de la Salada, que la conocía por varios amigos que tenían puestos ahí. Los temas de la inmigración interesantes para contar los empecé a ver en La Salada, porque la particularidad de esa feria es que muchos puesteros son inmigrantes, coreanos, bolivianos, chinos. Era el lugar idóneo para contar esto, no tanto desde el drama social o cómo llegaron, no era una película informativa, esto no es un documental, sino que quería retratar el costado sentimental". La película, que se estrenó este jueves en Rosario, está protagonizada por actores profesionales y tiene algunas participaciones especiales de algunos puesteros de la feria que se levanta en Lomas de Zamora y se ubica al costado del Riachuelo cerca de Villa Lugano, justo en el límite que separa Capital Federal del Gran Buenos Aires.

Hsu dijo que "el desarraigo era el tema principal a desarrollar en los personajes", pero tuvo mucho que ver la cuestión geográfica. "El espacio de La Salada está al costado del Riachuelo, de Lomas del Zamora, y del otro lado es Capital, y me parecía interesante que estuviera en los límites, ya que estos personajes son errantes y estaban en el lugar del limbo, no recuerdan cómo era su país porque se fueron de muy chicos. Son lugares grises donde ellos deambulan, y cerraba muy bien con la idea de esta feria, que es un espacio de grises en medio de la nada, en los límites y en los bordes", graficó.

El elenco lo encabezan Ignacio Huang (se lució en el filme "Un cuento chino", junto a Ricardo Darín) y Chang Sung Kim (fue una revelación con su rol de Walter, en la tira "Graduados"), más una participación luminosa de Mimí Ardú, que retrata fielmente a una mujer en los límites, tomando la frase del director, a los que se suman logrados roles de Paloma Contreras y Nicolás Mateo. Sorprende, además, el personaje de Lizeth Villaroel, como la hija de un padre al que sólo le interesa acomodarse socialmente, y por eso insiste en casar a su hija con alguien adinerado sin considerar sus sentimientos. La mirada a cierto anhelo de status social por parte de los inmigrantes es otro acierto importante del cineasta, en el marco de la difusa frontera entre lo legal y lo ilegal.

"Es muy complejo lo que pasa en La Salada en muchos temas que transcurren ahí, ya que la feria funciona ilegalmente, por allí pasan 20 mil personas todos los días, entre puesteros y clientes, pero mi idea era retratar más los personajes que habitan ese mundo y usarlos como entorno para contar otras cosas", dijo Hsu. Y agregó: "Ahí hay un límite, ni todo es tan blanco ni todo es tan negro, están los grises y hay de todo, pasa de todo para un lado y para el otro. Nosotros intentamos con la película de desestereotipar la imagen del inmigrante. El inmigrante puede ser buen tipo o mal tipo, la idea es tomarlo como una persona y moverlo de ese lugar de que los bolivianos son tal cosa o los coreanos son tal otra. Queríamos movernos en los grises de todas las personas, que no son perfectas. Traté de no tomar partido, ni justificarlos, ni realzarlos, pero tampoco rebajarlos, siempre poner la película a la altura de ellos, ni por arriba ni por abajo, quise intentar ubicarme en el medio a través de sus ojos".

Hsu dijo que nunca dudó en qué enfoque daba de la pobreza: "La feria es un entorno muy pobre, ahí se ve mucha decadencia, y hay que tener cuidado cómo se muestra la pobreza en el cine y la TV, si es por sordidez o cómo es. Y eso iba a ir en contra de esta película, no quería hacerme responsable de una imagen de la Argentina, que es verdad que existe, pero no quería regodearme de la pobreza".