La IA avanza en la vida diaria, pero las empresas siguen quedándose atrás
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida diaria de millones de argentinos, pero su implementación en las empresas sigue siendo baja y con resultados limitados, pese a su enorme potencial.
La inteligencia artificial ocupa hoy el centro de la escena y atraviesa debates, agendas empresariales y presupuestos de tecnología. En Argentina, su uso ya está ampliamente extendido a nivel personal, pero ese avance no se replica con la misma intensidad dentro de las organizaciones, donde persiste una brecha marcada entre adopción y resultados concretos.
Los datos muestran que 8 de cada 10 profesionales ya utilizan herramientas de inteligencia artificial de manera regular, y muchos anticipan que su rol laboral cambiará de forma significativa en el corto plazo. Sin embargo, solo el 43% de los empleados afirma que en su empresa se utiliza IA, y apenas un 6% asegura que su implementación es amplia, lo que deja en evidencia un proceso de transformación digital incompleto.
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El potencial de la inteligencia artificial para las organizaciones ya no está en discusión. Automatizar tareas, mejorar procesos, optimizar decisiones y elevar la productividad son beneficios ampliamente reconocidos. Aun así, muchas compañías todavía no logran capturar ese valor, en parte porque no tienen claro dónde encontrar el retorno de la inversión o porque carecen de los cimientos necesarios para hacerlo.
La experiencia del mercado muestra que el impacto de la IA es sustancial cuando se incorpora en las áreas adecuadas. El problema es que su alcance es tan transversal que aún no se refleja plenamente a nivel empresarial. Tres factores aparecen como determinantes para explicar esta brecha.
El primero es una estrategia clara con foco en el negocio. Implementar IA por moda o presión externa suele conducir a resultados pobres. Las organizaciones que obtienen beneficios reales son aquellas que alinean sus iniciativas con objetivos concretos y medibles.
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El segundo factor es el conocimiento interno y el talento. La IA requiere equipos capacitados para implementar, interpretar y mantener modelos, además de acompañar su evolución. La falta de formación y de perfiles especializados sigue siendo una barrera importante.
El tercero, y quizás el más subestimado, es la base tecnológica. Sin infraestructura adecuada, datos organizados y sistemas integrados, incluso las mejores estrategias fracasan. Muchas grandes empresas ya cuentan con parte de esta base, lo que abre una oportunidad clara para obtener beneficios rápidos si logran completar ese ecosistema.
Expectativa alta, resultados bajos
Más de dos tercios de los empleados asegura que su organización nunca intentó implementar IA o abandonó proyectos antes de consolidarlos. Entre los intentos fallidos, las principales causas fueron la mala integración con sistemas existentes, la falta de resultados esperados y la complejidad de implementación.
También persisten obstáculos operativos y culturales. El 21% reconoce no saber cómo integrar la IA a los procesos, el 20% señala la falta de conocimiento técnico en los equipos y el 18% apunta a la ausencia de herramientas adecuadas para su rubro.
La percepción del riesgo es dispar. Casi la mitad cree que su empresa podrá seguir existiendo dentro de cinco años aun sin incorporar inteligencia artificial, aunque un 23% lo pone en duda y un 11% considera que quedará obsoleta. El temor a la irrelevancia es más fuerte en sectores intensivos en conocimiento, mientras que en rubros como comercio y bienes raíces predomina una mayor confianza en la continuidad.
Un uso concentrado y poco medido
Dentro de las empresas que sí utilizan IA, los principales usos se concentran en marketing y comunicación, análisis de datos, atención al cliente y desarrollo de productos. En cambio, áreas como administración, logística, finanzas y recursos humanos muestran niveles de automatización mucho más bajos, lo que marca un amplio margen de crecimiento.
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La medición del impacto también es limitada. Casi la mitad de los directivos no mide indicadores específicos de adopción de IA y más de la mitad no calcula el retorno de inversión. Solo una minoría cuenta con métricas claras para evaluar resultados.
La cultura organizacional aparece como otro factor clave. En una de cada tres empresas, la dirección rara vez o nunca habla de inteligencia artificial, y solo una pequeña proporción la considera prioritaria. La capacitación formal es escasa y la mayoría de las organizaciones no ofrece formación sistemática sobre el tema.
La brecha con la vida cotidiana
Mientras tanto, en el plano personal, la inteligencia artificial ya está plenamente incorporada. 6 de cada 10 argentinos la utilizan en su vida diaria, principalmente para buscar información, aprender, resolver problemas cotidianos o asistir tareas laborales. La mayoría de los usuarios percibe mejoras claras en productividad y ahorro de tiempo.
Esta diferencia entre el uso personal y el empresarial deja una conclusión clara: la sociedad ya validó la utilidad de la IA, pero las organizaciones todavía deben acelerar su transformación si no quieren quedar rezagadas frente a los desafíos y oportunidades de la nueva economía digital.