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En unas cartas, revelan inquietantes similitudes entre Adolf Hitler y su padre

Las misivas muestran que la influencia de la personalidad de Alois Hitler en el dictador nazi fue mucho más decisiva de lo que se suponía hasta ahora.

Solitario, casi sin amigos en sus primeros 18 años, en los que se mudó 18 veces, el dictador nazi Adolf Hitler (1889-1945) es “impregnado” por su padre, un funcionario aduanero de provincia, con ambiciones fracasadas, carácter agrio y posturas nacionalistas.

Es la tesis que sostiene la primera biografía de Alois Hitler (1837-1903) que, publicada en febrero en alemán y basada en 31 cartas inéditas descubiertas hace tres años, traza los rasgos de un hombre gruñón, que se cree “sabelotodo” y desprecia a su entorno.

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“El hijo copió a su padre de una manera bastante exacta. Lo admiraba, aunque también se rebeló contra él y al mismo tiempo hizo todo lo posible por superarlo”, explicó a EFE el historiador austríaco Roman Sandgruber, catedrático emérito de Historia de la Universidad Johannes Kepler de Linz (Austria).

Durante más de un siglo, las cartas que Alois Hitler escribió a lo largo de un año al hombre que le había vendido una casa de campo en Alta Austria sobrevivieron olvidadas en un desván, antes de que una bisnieta del destinatario las descubriera allí.

La primera vez que la mujer lo contactó Sandgruber se mostró prudente, como cabía esperar.

“Al principio, era más bien escéptico: sabemos muy poco de la juventud” del Führer “y menos aún de su padre”, declaró a la AFP este especialista, que esperaba encontrarse con un hallazgo disparatado.

Sin embargo, la correspondencia amarillenta resultó ser auténtica: caligrafía cuidada, sellos de época, firma tristemente célebre y hasta sellos de cera intactos ... las 31 cartas eran de Alois Hitler.

Esto permitió al profesor universitario de 74 años escribir la primera biografía del patriarca, nacido en 1837 y fallecido en 1903, cuando Adolf tenía 14 años.

El libro fue publicado en alemán el 22 de febrero. Todo un acontecimiento: a día de hoy estas cartas son unas de las pocas conocidas del padre del dictador, que tuvo ocho hijos de tres matrimonios.

Las escribió durante el imperio austrohúngaro para un tal Josef Radlegger, empleado de Puentes y Calzadas. Quería comprarle una granja en un pueblo de Alta Austria (norte) en 1895, seis años después del nacimiento de Adolf.

MANUSCRITOS REVELADORES

Redactados en un lenguaje oficialista rebuscado, y salpicado con términos dialectales, los manuscritos, que abarcan el año 1895, son para el historiador “muy reveladores”.

El dictador nazi, el asesino en masa más grande de la historia, es probablemente el personaje más estudiado de la historia, con cerca de 150.000 publicaciones y biografías.

El hecho de que hasta ahora no había entre ellas ninguna obra sobre su progenitor “puede deberse a la escasez de fuentes”, señala Sandgruber en su libro titulado “El Padre de Hitler. Cómo el hijo se convirtió en dictador”.

REVISIÓN DE LA HISTORIA

La nueva luz que arrojan las cartas obligó a Sandgruber a revisar tesis anteriores sobre la vida de la familia y presenta “una nueva imagen del joven Adolf Hitler”.

De padre desconocido, “los orígenes de Alois Hitler están rodeados de mitos, fabricaciones y conjeturas”, contó el historiador.

En buena parte porque su hijo, cuando se hizo poderoso, buscó “ocultar su propia historia y la de sus padres y antepasados” o “retorcerla en su propio beneficio”, explicó a EFE.

Los nuevos descubrimientos contrastan con las imágenes idealizadas que dibuja Hitler sobre el padre en su obra “Mi lucha”.

GRAN INFLUENCIA

La principal conclusión es que la influencia de la personalidad de Alois fue mucho más decisiva de lo que se suponía hasta ahora: “Hasta las firmas del padre y del hijo son idénticas”, destacó Sandgruber.

El investigador se guarda de comparar Alois con su hijo pero les ve algo en común: son “autodidactas” reivindicados.

“Ambos despreciaban a los que habían recibido una escolaridad formal: académicos, notarios, jueces y más tarde incluso a los oficiales militares”, afirma Sandgruber, y se consideraban “genios”.

“Esa imagen es exactamente la misma que la de Adolf Hitler: un autodidacta que se cree mejor que los demás”, añade.

“Adolf Hitler había abandonado la escuela voluntariamente”, dijo Sandgruber en otra entrevista a The Washington Post. “Al igual que su padre, se sintió superior a través del conocimiento que había adquirido en el autoestudio. Se veía a sí mismo como un genio militar, técnico y artístico. Como artista, se veía a sí mismo como un genio universal: no solo como pintor, sino también como arquitecto, escritor, compositor y actor“.

Todo apunta a que Hitler hijo absorbió desde temprano del padre la ideología del nacionalismo germano del siglo XIX, plagado de odio hacia los eslavos, especialmente hacia los checos.

Si bien Sandgruber no encontró manifestaciones antisemitas en las cartas de Alois, otros documentos dejan claro que el futuro dictador llegó a Viena ya convertido en un antisemita convencido.

Por otra parte, las misivas corrigen la imagen de la madre, Klara Hitler (1860-1907), la tercera esposa de Alois, quien en una de las cartas la describe como una mujer emprendedora y enérgica.

“A mi esposa le gusta estar activa y muestra un cierto entusiasmo, así como un buen conocimiento de las cosas económicas”, escribe Alois Hitler a su socio comercial.

Klara, una de las pocas personas que no ha sufrido la ira de Alois, aparece en sus cartas como “una mujer profundamente emancipada, como diríamos hoy”, según Roman Sandgruber.

Eso queda lejos de la visión de “una mujer sumisa, dedicada exclusivamente a sus hijos”, según el ideal nazi.

Las cartas revelan además la situación financiera de la familia y que el capital con el que Alois buscó convertirse en “un señor agricultor independiente” provenían en realidad de Klara.

El padre de Hitler fracasa por completo en ese intento, “tanto financieramente como por su falta de capacidad organizadora” y la familia vive al borde de la quiebra.

La treintena de cartas, que llegaron al siglo XXI bien conservadas serán exhibidas en un museo austriaco el próximo mes.

HALLAZGO GRACIAS A UNAS OBRAS

Todo esto nunca se hubiera sabido sin unas obras de aislamiento térmico. Hace unos años una austriaca, lejos de sospechar lo que había bajo su tejado, decide aislar el desván y para eso lo vacía.

Annelise Smigielski sabía que su tatarabuelo, Josef Radlegger, había vendido bienes a Alois Hitler, pero no pensó que se encontraría con su escritura, en medio de un montón de cartas que habían caído en el olvido hacía lustros.

Pronto le pareció que el padre Hitler “se enfadaba por todo”, dijo a la AFP, y agregó que la escritura era difícil de descifrar.

Como conocía las investigaciones de Roman Sandgruber consideró que era mejor confiarle estos archivos en 2017.

(Con información de EFE y AFP)