Su vínculo con el mundo subacuático comenzó mucho antes de competir al máximo nivel. A los 14 años empezó a entrenar en la escuela de buceo que dirige su padre en Bahía Blanca, donde descubrió la apnea y comenzó a desarrollar las técnicas que, con el paso del tiempo, lo llevarían a competir internacionalmente.
Recién en la adultez decidió dedicarse a las competencias de manera más intensa. El esfuerzo dio resultados: en 2025 se consagró campeón argentino y estableció nuevos récords nacionales, consolidándose como uno de los principales exponentes del país en una disciplina todavía poco conocida.
Para alcanzar ese nivel, el entrenamiento va mucho más allá de aguantar la respiración. Su preparación incluye sesiones de natación, gimnasio, yoga, meditación y ejercicios específicos para controlar el impulso natural de respirar mientras permanece bajo el agua.
El propio Menegatti asegura que el aspecto mental es determinante. "Uno baja ciertos decibeles a nivel vida. Salir del ritmo laboral y entrenar me permite enfrentar situaciones de forma más tranquila", explicó al describir cómo la apnea también transformó su vida cotidiana.
Durante el Mundial participó en cuatro modalidades, entre ellas la apnea estática, donde permaneció más de cinco minutos bajo el agua sin respirar. Sin embargo, más allá de las marcas obtenidas, destacó el enorme esfuerzo personal y familiar que implica llegar a competir en una cita de semejante nivel.