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Apendicitis: por qué un dolor abdominal puede convertirse en una urgencia vital

La apendicitis es una inflamación frecuente pero potencialmente grave. Reconocer sus síntomas y actuar a tiempo puede evitar complicaciones que ponen en riesgo la vida.

La apendicitis es una de las causas más habituales de urgencia abdominal y requiere atención médica inmediata. Se produce cuando el apéndice —un pequeño órgano ubicado en la parte inferior derecha del abdomen— se inflama y comienza a generar un cuadro que puede agravarse en pocas horas.

Durante años se creyó que el apéndice no cumplía ninguna función. Sin embargo, estudios recientes indican que podría tener un rol en el sistema inmunológico. Aun así, cuando se inflama, su extirpación suele ser necesaria para evitar complicaciones severas.

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El principal riesgo de la apendicitis es que, si no se trata a tiempo, el órgano puede romperse y provocar una infección generalizada en la cavidad abdominal, conocida como peritonitis, una situación que compromete seriamente la vida del paciente.

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¿Por qué se produce?

En la mayoría de los casos, la apendicitis se origina por la obstrucción del conducto interno del apéndice. Esto puede ocurrir por restos fecales endurecidos, infecciones intestinales, inflamación de los tejidos, pequeños tumores o cuerpos extraños ingeridos de forma accidental.

Esa obstrucción favorece la proliferación de bacterias, genera acumulación de pus, aumento de la presión interna y, con el paso de las horas, eleva el riesgo de ruptura del órgano.

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Síntomas a tener en cuenta

Detectar los signos de alerta de forma temprana es clave para un tratamiento exitoso. Los síntomas más frecuentes incluyen:

  • Dolor persistente en la parte inferior derecha del abdomen

  • Dolor que comienza cerca del ombligo y luego se desplaza

  • Fiebre leve, náuseas y pérdida de apetito

  • Malestar que empeora al caminar, toser o moverse

  • Hinchazón abdominal, gases, diarrea o estreñimiento

En niños, adultos mayores y mujeres embarazadas, el dolor puede presentarse de forma atípica o menos intensa, lo que dificulta el diagnóstico. Por eso, cualquier dolor abdominal progresivo acompañado de fiebre o náuseas debe ser evaluado de urgencia.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico comienza con un examen físico, donde el médico evalúa la sensibilidad abdominal. A esto se suman estudios complementarios como análisis de sangre, para detectar signos de infección, y análisis de orina, para descartar otras patologías.

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En muchos casos se solicitan estudios por imágenes, como ecografía, tomografía computada o resonancia magnética, que permiten confirmar la inflamación del apéndice o descartar enfermedades con síntomas similares.

Tratamiento y recuperación

El tratamiento más frecuente es la apendicectomía, la cirugía para extirpar el apéndice. Puede realizarse de forma tradicional o mediante laparoscopía, una técnica mínimamente invasiva que suele permitir una recuperación más rápida y con menos dolor.

En situaciones puntuales, el equipo médico puede iniciar tratamiento con antibióticos, aunque la cirugía continúa siendo la solución definitiva en la mayoría de los casos.

Cuando la apendicitis ya se ha complicado con una ruptura, el paciente puede requerir antibióticos intravenosos, drenajes y una internación más prolongada. Aun así, con diagnóstico oportuno, la mayoría de las personas logra retomar su vida normal en pocos días.