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Protocolo

///Por María Alejandra Araya



Se casaba Federico, un amigo del Igna. La invitación era un flyer con código QR. El festejo, convocado desde las cuatro de la tarde, presagiaba un banquete, números artísticos y ¡sorpresas!

Personal de seguridad con intercomunicadores controlaban el ingreso. Una vez que la gente pasaba el celular por el lector de pantalla, lo debían dejar en los boxes bajo llave. Por protocolo, no estaba permitido usarlo en la fiesta.

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Mientras se acomodaba en un grupo, La vaga escuchó esta conversación:

-Todo esto es obra de Bárbara Sieteymedio.

-¿Y esa quién es?

-¡La mejor wedding planner de Buenos Aires!

¿Los novios? ¿Dónde están los novios? Los novios cayeron del cielo. ¿Cayeron del cielo? Sí, exactamente. Porque se habían arrojado en paracaídas en medio de las casi quinientas personas que se movían al compás de las luces y la música tecno.

Islas con comida mexicana, caribeña, argentina, sushi, carros de hamburguesas, papas fritas y barra de bebidas. Tres pistas con sus respectivos DJ.

Por protocolo, primero se realizó la ceremonia civil y luego, la religiosa. ¿Habrían contratado a los niños del cortejo y a las damas de compañía? Porque parecían salidos de un casamiento de la realeza europea.

Apareció un anciano con lentes a lo Jack Nicholson en silla de ruedas que cual Marajá de Kapurthala era transportado por dos gorilas. Parecía cansado. El Igna le contó a La vaga que era el padre de la novia, hija de su tercer matrimonio.

Si a las mujeres les dolían los pies, podían usar zapatillas que pedían en el vestidor donde había masajistas, maquilladores y peluqueros. Si los hombres transpiraban la camisa, podían cambiársela. Promediando la velada, los amigos de Fede hicieron la performance que habían preparado dos meses antes con un coreógrafo. El Igna casi queda afuera, por protocolo, porque se había perdido varios ensayos.

A La vaga le llamó la atención que al padre de la novia no lo llevaran a descansar. Se había dormido y los King Kong custodiaban su sueño.

-Sueño eterno, les dijo Federico unos días después. Le dio un bobazo en medio de la fiesta.

El Igna y La vaga se miraron asombrados.

-¿Y por qué no la suspendieron?

-¿Suspender, dijiste? Imposible, se debe cumplir el protocolo.