En su versión quizá menos romántica, el amor y las relaciones se han estudiado también desde la Neurociencia. Se sabe que se activan zonas distintas del cerebro en función del momento de la relación en el que se esté. Al principio, en la etapa de amor romántico más intenso, hay una mayor activación de las zonas cerebrales de la recompensa y la motivación, como el área tegmental ventral, en la que hay grandes concentraciones de dopamina. Una vez que se supera esa etapa, se encuentra también actividad en zonas como la corteza orbitofrontal medial y el putamen, más relacionadas con los vínculos sociales y sustancias como la oxitocina.
San Juan 8
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