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¿Una persona que se vacunó contra el COVID-19 puede contagiar?

Varios equipos de investigación israelíes están obteniendo resultados "muy prometedores". En esta nota, todo el detalle.

Después de casi dos meses, los datos israelíes empiezan a confirmar lo que Pfizer ya sabía: su vacuna contra el coronavirus detiene el COVID-19 sintomático y grave. Entonces, ¿por qué en Israel, donde hay más de 4,6 millones de personas que ya recibieron al menos una dosis de la vacuna, se sigue usando mascarilla?

Porque los expertos aún no están seguros de que las vacunas prevengan los casos asintomáticos, es decir, que contraigan el virus pero no presenten síntomas. Si las personas que se vacunan pueden seguir contrayendo el coronavirus y transmitirlo a otros, será difícil detener la propagación del COVID-19. Si las personas se infectan silenciosamente con el coronavirus, podrían transmitirlo, enfermando potencialmente a las personas que no son inmunes.

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Según detalla Jerusalem Post, cada vez hay más pruebas de que las personas que se vacunan no transmiten mucho el virus, si es que lo hacen... Aun cuando un modelo desarrollado por los investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en enero demostró que las personas asintomáticas transmiten más de la mitad de los casos del nuevo coronavirus.

La vacuna ideal es aquella que produce lo que se conoce como inmunidad esterilizante, lo que significa que el sistema inmunitario es capaz de impedir que un patógeno, incluidos los virus, se replique en el organismo. No todas las vacunas alcanzan este nivel. Por ejemplo, las vacunas contra el sarampión y la rubéola lo consiguen. La vacuna contra la hepatitis B no lo hace.

Aunque desde el punto de vista científico se intuye que la vacunación reduciría la infección y la transmisión, y los indicios preliminares sugieren que la vacuna hace al menos algo de ambas cosas, según Cyrille Cohen, jefe del laboratorio de inmunoterapia de la Universidad de Bar-Ilan, aun falta pruebas y advierte que se trata de estudios sumamente difíciles de realizar.

Tener la respuesta tendría “implicaciones obvias” e “importantes” en la vida cotidiana de las personas, dijo Eran Segal, biólogo computacional del Instituto de Ciencias Weizmann. Esto se debe a que, para lograr la inmunidad de grupo, la vacuna tendría que impedir la transmisión. Cuanto más circule el virus, explicó, más oportunidades tendrá de mutar de forma que aumente su capacidad de propagación -como la variante británica- para que la gente enferme o se haga resistente a la vacuna.

“Si hay personas que vienen del extranjero y se sabe que solo hay una pequeña posibilidad de que transmitan el virus, no tendrían que estar en cuarentena”, explicó Segal. “Pero si se sabe que hay una posibilidad no despreciable de que puedan transmitir el virus, entonces hay que prestar atención, debido a las variantes”.

“Todo el mundo debe seguir siendo precavido”, dijo al medio israelí el profesor Gili Regev-Yochay, director de la Unidad de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas del Centro Médico Sheba de Tel Hashomer. “Las cosas son más complicadas ahora porque la gente cree que está vacunada y que todo está bien, así que es más difícil conseguir que se pongan las mascarillas. Pero es necesario porque sabemos que algunas personas se infectarán y serán asintomáticas. Y esas personas pueden transmitir la enfermedad.

“El problema es que si no todo el mundo está vacunado o hay personas inmunodeprimidas, aunque estén vacunadas la vacuna es menos efectiva, pueden contraer la enfermedad”, continuó.

Regev-Yochay dijo que varios equipos de investigación israelíes están estudiando ahora la cuestión de la transmisión tras la vacunación contra el coronavirus y “los resultados parecen muy prometedores”.

En su informe original, Moderna mostró resultados positivos en cuanto a que las personas que se infectan tienen menos probabilidades de transmitir la enfermedad. Durante su ensayo clínico de fase III, los investigadores de Moderna hicieron un frotis a los participantes para ver si tenían el virus cuando acudían a su segunda inyección y luego compararon los resultados de los que recibieron la vacuna frente al placebo.

Observaron un descenso de dos tercios en el número de infecciones asintomáticas entre las personas que recibieron la primera inyección en comparación con las que recibieron el placebo. En un suplemento proporcionado a la FDA, se mostró que 14 de las 14.134 personas vacunadas tenían casos asintomáticos de coronavirus en ese momento, frente a 38 de las 14.073 del grupo de control.

Sin embargo, éste no era el objetivo principal de la investigación de Moderna. Sólo se realizaron dos pruebas a las personas -al principio y antes de la segunda inyección, con un mes de diferencia-, por lo que es posible que no se haya detectado la infección.

La Universidad de Oxford, en su ensayo clínico para AstraZeneca, también examinó a los participantes para detectar el virus. Diferentes informes de la universidad mostraron una reducción de entre el 49% y el 67% de pruebas positivas entre los vacunados en comparación con los no vacunados.

A principios de esta semana, la revista médica Lancet, revisada por expertos, publicó un informe SIREN (evaluación de la inmunidad y la reinfección del SARS-COV2) realizado por Public Health England, en el que se evaluaba al personal que trabajaba en hospitales financiados con fondos públicos en el Reino Unido. El estudio midió el impacto de una dosis única de la vacuna de Pfizer durante un periodo de ocho semanas y encontró “fuertes evidencias de que la vacunación de adultos en edad laboral reducirá sustancialmente la infección asintomática y sintomática del SARS-CoV-2 y, por tanto, la transmisión de la infección en la población”.